La fiesta de los perdedores o las pulgas del perro flaco

30/05/2019

José María Triper.

Dice el refranero popular que  poco dura la alegría en casa del pobre y que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, y poco, muy poco, han tardado los dos Pablos superstar del panorama político español, Casado e Iglesias, en volver a las penurias y tratar de aliviarse de las pulgas que les afligen en forma de deserciones, dimisiones, controversias internas y amenazas exteriores.

Porque a pesar de la desmesurada euforia de Casado y sus candidatos la noche del 26-M los datos globales en Europa, en las autonomías y en los ayuntamientos reflejan nítidamente que el único vencedor de esta triple convocatoria electoral es el PSOE  que conserva su hegemonía y que es mayoritario incluso en feudos tradicionales del PP como Castilla y León o en casi todas las grandes ciudades de Galicia. El resto de partidos, por mucho que todos intenten vender la parte positiva de los resultados, son todos perdedores en mayor o menor grado.

Y si no que se lo digan a  muchos de los que en la sede de Génova se las prometían felices pensando que conservarían en Madrid la Comunidad y recuperarían el Ayuntamiento y ahora empiezan a  sospechar con fundamento que tendrán que ceder una de estas instituciones a Ciudadanos si no quieren perder las dos. Rivera es consciente de que si quiere mantener su ascenso necesita gobernar en plazas importantes y la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid son magníficos escaparates. Especialmente la primera que tiene más poder presupuestario, legislativo y regulatorio. Además de que Ignacio Aguado es un candidato más sólido y con más imagen que Isabel Díaz Ayuso.

Ciudadanos tiene la llave de Madrid, de Castilla y León, de Murcia, de Aragón, y de muchas capitales de provincia, incluyendo la Capital y las principales ciudades andaluzas, y como decía un destacado dirigente popular, “el precio que va a pedir Rivera ni se lo imagina Casado”. E, incluso, aunque lograra los dos gobiernos madrileños haría bien Casado en reparar en que salvar los muebles no es ganar y meditar que el gobierno de Madrid no oculta la pérdida de votos y de representantes en prácticamente todos los municipios y comunidades españolas ni el fuerte retroceso obtenido en las elecciones europeas y que el partido está prácticamente desaparecido en Cataluña y el País Vasco, plazas sin las que es prácticamente imposible recuperar el gobierno del Estado.

Pero hablando de perdedores, el gran derrotado es Pablo Iglesias y Podemos. Se han dejado casi 900.000 votos y un gran número de concejales y diputados autonómicos, ha sido superado en Madrid por su gran enemigo, Iñigo Errejon, y sólo se mantiene allí donde los candidatos son la oposición a Iglesias y la actual dirección, que empiezan a sufrir una fortísima contestación interna con dimisiones en cadena como las de Castilla-La Mancha, Gandía o La Coruña que son sólo las primeras si antes los discrepantes no obligan a marcharse al propio Iglesias, a su cónyuge y al vasallo Echenique culpable principal del hundimiento en Zaragoza donde gobernaban.

Unos resultados que dificultan mucho la postulación de Pablo para entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez, al que de exigir una vicepresidencia, el CNI y la televisión, ahora parece implorarle un carguito aunque sea de bedel. “Si quiere ser ministro que se lo pida a Maduro en Venezuela ironizaba un responsable socialista, quien añadía que la historia económica de Europa demuestra que “los populismos contaminan pero terminan desapareciendo”.

Y esto último se pueden ir aplicando Abascal y sus pretorianos de VOX que tras el fiasco de las generales ahora han vuelto a quedar por debajo de las expectativas y bien harían sus dirigentes y sobre todo sus votantes en reflexionar si merece la pena seguir dividiendo el voto del centroderecha y mantenerse como el conseguidor involuntario de gobiernos para Sánchez y el PSOE.

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