Han pasado unos días del último ciclo electoral y a veces es bueno hacer unas reflexiones que son de sentido común y que con demasiado frecuencia se olvidan.
La diferencia de votos que cada partido ha tenido en el corto periodo de tiempo que va desde las elecciones generales a las europeas (las autonómicas y locales son más problemáticas de valorar) recuerda la obviedad que el voto lo decide el que lo emite y son los partidos que se los han de ganar día a día y no sólo en periodo electoral.
La fidelidad de los votantes a una formación determinada no es un acto de fe. A veces el sentido del voto puede ser emotivo pero con frecuencia también es racional, la prueba es que significativamente muchos ciudadanos han cambiado el sentido de su voto en un corto periodo de tiempo. Por ejemplo Ciudadanos ha perdido más de un millón y medio y Podemos también roza esta cifra, mientras Vox también pierde más de un millón de votos. El PP prácticamente mantiene los resultados, mientras el PSOE y los nacionalistas catalanes aumentan la simpatía de los votantes en las elecciones europeas, posiblemente para apoyar a los políticos presos que encabezaban las listas.
La guerra cainita entre PP y Ciudadanos es una pugna de perdedores. La debacle electoral de los populares es incuestionable, así como el zigzagueo ideológico de Casado que ha pasado de afirmar que representa una derecha dura a definirse como partido de centro. Tanto los populares como el partido de Rivera maquillan su resultado con posibles pactos que les permitirían acceder a determinados gobierno salvando la cara ante la galería (algo parecido a lo que sucede con Podemos y sus guerras internas).
Ciudadanos se llena la boca que ganó las últimas elecciones catalanas de diciembre del 2017. Inés Arrimadas logró entonces más de un millón de votos, sin embargo un año después se había dejado en el camino medio millón de votos en las generales y setecientos mil votos en las europeas, lo que dice poco de la buena salud electoral de un partido que aspira a grandes cotas de poder.
Resulta significativo que los candidatos a diputados de estos dos partidos en Catalunya, Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo dejen a sus electores para instalarse en Madrid.
Otra consideración y no menor es que pese al triunfo de los socialistas este partido sólo tiene 123 escaños en el Congreso, lejos de los 136 que configuran la mayoría absoluta. Nadie ha cuestionado que Pedro Sánchez seguirá en La Moncloa pero necesita apoyos para poder gobernar. En el PSOE aún se quejan de que en la pasada legislatura no le aprobaran los presupuestos, pero los votos no se regalan, sino que se negocian y el “lo tomas o lo dejas” genuino de la prepotencia con lo que habitualmente actúan ya les ha dado más de un disgusto y si no buscan fórmulas que configuren una mayoría estable pueden tener muchos problemas. Y poner demasiadas líneas rojas es olvidar que la politica es el arte de lo posible.
También es destacable que la fuerza de los partidos nacionalistas catalanes sigue estancada, no crece pero tampoco disminuye y siguen ganando de una manera clara elección tras elección. Además resulta como mínimo extraño que unos candidatos electos se les permita concurrir a las elecciones para después impedírseles ejercer por decisiones judiciales.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.