Juan Ramón Jiménez, en Granada con Federico García Lorca

07/06/2019

Miguel Ángel Valero. Un trabajo de investigación de Alfonso Alegre sobre la estancia del de Moguer en la ciudad de La Alhambra en 1924 gana el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019, que conceden la Fundación José Manuel Lara y por la Fundación Cajasol.

«Días como aquellos se viven pocas veces en la vida», escribe Juan Ramón Jiménez sobre su estancia en Granada  entre el anochecer («Venus de diamante sobre la peñascosa, seca tierra gris) del 21 de junio y la mañana del 3 de julio de 1924, con Federico García Lorca y su familia. El mismo poeta escribe que «los sueños no viven en el país de la memoria, sino en el del olvido, son la memoria del olvido, es decir, el secreto».

El poeta de Moguer descubre «el agua oculta que llora», «el alma de la ciudad» que «vigila su sueño y al oído del silencio le cuenta las leyendas que viven a pesar del olvido», el juego del «barandal de espumas», «el hondo silencio de las noches serenas», esa «noche de estrellas perfumada» en Granada. En «Generalife», escrito poco después de volver a Madrid, se comprueba el impacto de la ciudad de La Alhambra en Juan Ramón Jiménez, que descubre que «el agua de Granada sirve para apagar la sed, es agua viva que se une al que la bebe o al que la oye, o al que desea morir en ella»

Todo esto, y mucho más, aparece en «Días como aquellos. Granada, 1924. Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca», un trabajo de investigación de Alfonso Alegre Heitzmann, y que recibe el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019, que conceden la Fundación José Manuel Lara y por la Fundación Cajasol, ambas editoras también de la obra.

Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca se conocieron en Madrid en 1919, uno con 37 años, ya poeta reconocido, el otro con 20 y aún sin libro publicado, gracias a una carta de oresentación de Fernando de los Ríos. Al poeta de Moguer la parece «un niño sin pies, muchacho de la luna». Lo cierto es que, como escribe Alfonso Alegre, la obra de muchos de los integrantes de la Generación del 27 «no se entendería sin ese primer espaldarazo y apoyo decisivo que el poeta de Moguer ofreció siempre a los jóvenes y, sobre todo, sin los caminos que la poesia de Juan Ramón Jiménez había abierto ya y estaba abriendo en esos años decisivos en la historia de la lírica en lengua española».

Isabel García Lorca habla del «don del poeta, fijar para siempre una realidad que está ahí para todos». Federico menciona en su «Romancero gitano» la «pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea  y no puede comprender».

El trabajo de Alfonso Alegre muestra que queda mucho por descubrir tanto de Federico García Lorca, asesinado por la barbarie fascista en 1936, como de Juan Ramón Jiménez. Pero también de otros protagonistas de ese encuentro entre dos poetas: Manuel de Falla, el cónsul inglés en Granada (del que apenas se ha dicho nada, pero que aparece en textos literarios tanto de García Lorca como de Jiménez), o Hermenegildo Lanz

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