Ibercaja confía en que se abra una ventana de oportunidad para salir a Bolsa antes de 2021

20/06/2019

Miguel Ángel Valero. Su presidente, José Luis Aguirre, cree que los inversores valorarán el modelo de negocio diversificado de la entidad (la que menos depende del margen de intereses y la que tiene mayor peso de fondos de inversión, gestión de patrimonios y seguros) y su prudencia en la gestión del riesgo.

El presidente de Ibercaja, José Luis Aguirre, confía en que se abra una ventana de oportunidad para que el banco debute en Bolsa antes de que se agote el plazo legal a finales de 2020, y descarta solicitar una prórroga, aunque existe la posibilidad de modificar la ley para retrasar la operación más allá de 2021

«El plazo legal es ése, no nos hemos hecho ningún planteamiento de retrasarlo porque pensamos que antes de esa fecha habrá una oportunidad para salir a Bolsa para que la Fundación Ibercaja reduzca su peso desde el 87% actual a menos del 50%», explica en el curso de la Apie en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

Aguirre admite que el mercado se puede poner «durísimo». Pero entonces la Fundación Ibercaja asumirá un sacrificio de precio «temporal», porque a medio plazo recuperaría su rentabilidad.

Cotizar en Bolsa es «bueno» para Ibercaja, por las oportunidades que puede presentar en el futuro tener acceso al mercado de capitales y por su efecto en una gestión más estandarizada con el resto del sector.

El presidente de Ibercaja cree que los inversores valorarán el modelo de negocio diversificado de la entidad (la que menos depende del margen de intereses y la que tiene mayor peso de fondos de inversión, gestión de patrimonios y seguros) y su prudencia en la gestión del riesgo. «En el medio y largo plazo somos una inversión interesante para el que quiera obtener una cierta garantía y rentabilidad«, subraya.

Descarta la opción de una fusión: «Es perfectamente posible mantenerse independientes».

Sostenibilidad, concepto intrínseco

El presidente de Ibercaja subraya la necesidad de una gestión financiera responsable, honesta y con visión de largo plazo para perdurar en el tiempo. En ese sentido, destaca que “la sostenibilidad es, debería haber sido y debe ser siempre un concepto intrínseco en finanzas». «Cuando se pierden de vista estos anclajes, como lamentablemente hemos tenido la oportunidad de comprobar en la reciente crisis, las consecuencias son demoledoras”, subraya.

El comportamiento del cliente está obligando a las entidades financieras a transformar el modelo de negocio por varios motivos: su heterogeneidad; el uso intensivo de la tecnología; la comparabilidad de productos y servicios y la demanda de calidad en éstos; y la inmediatez en la respuesta. La oferta de productos y servicios de los bancos debe ser cada vez más un “traje a medida”, con plena accesibilidad y funcionalidad digital, competitivo en precio y excelente en calidad, así como ágil y efectivo.

Por el lado de la normativa, el presidente de Ibercaja remarca que los organismos reguladores y supervisores están exigiendo un modelo financiero “más robusto y resistente”, anticipando un impacto menor de la siguiente crisis, que por el carácter cíclico de la economía, “tarde o temprano llegará”. “Esta estrategia requiere mayores niveles de solvencia, una supervisión más expeditiva en materia de control y seguimiento de los riesgos, y un gobierno corporativo ejemplar”, añade.

En ese contexto, la banca se enfrenta al desafío de la sostenibilidad, que se concreta en la obtención de tasas razonables de rentabilidad recurrente sobre el capital, manteniendo a la vez niveles de solvencia superiores a los requeridos por la normativa.

“La presión de los márgenes en banca minorista en un contexto de bajos tipos de interés como éste es enorme,  algo increíble desde el punto de vista teórico, que será estudiado con seguridad en los manuales de finanzas de las próximas décadas”, señala.

José Luis Aguirre cree que la respuesta a ese escenario no tiene por qué ser la dimensión. La  sostenibilidad de los bancos dependerá, no de su tamaño, sino de la capacidad de adaptación a las exigencias de los clientes y de la regulación. “Las glaciaciones no las han resistido los seres vivos más grandes, sino los que mayor capacidad de adaptación han demostrado”, resalta.

«Siempre habrá sitio para operadores bancarios de dimensión media… e incluso pequeña o muy pequeña. La biodiversidad por tamaño, tipología de propiedad, segmentos de negocio preferentes, es muy saludable para la competencia y la calidad de servicio en cualquier sector y quizá más aún en el bancario, por su carácter transversal para el conjunto de la economía», concluye

Para conseguir la sostenibilidad, no existe una “varita mágica” que garantice el éxito aunque en Ibercaja “trabajamos en cinco vectores para cumplir este objetivo: cubrir las expectativas del cliente con servicios y asesoramiento de calidad, incorporar más tecnología a procesos y modelos de distribución, gestionar correctamente el riesgo, obtener una estructura de costes más ligera y flexible, y reforzar la transparencia, la responsabilidad y la ética en el gobierno corporativo”. La tecnología es un factor crítico, pero más lo es la confianza, el “saber hacer” y la capacidad de asesoramiento de los gestores, porque es la herramienta más efectiva para la vinculación y fidelización del cliente.

Sobre Caser, Ibercaja reitera su «vocación de permanencia» en la aseguradora, que «tiene accionistas que son distribuidores de sus productos y otros que no lo son».

 

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