Hablemos de competencias

02/07/2019

Francisco Javier López Martín.

Preocupa en Europa el problema de las competencias. Se trata de prestar atención a la evolución de la economía y de la sociedad para que las personas puedan acceder a puestos de trabajo necesarios, empleos que van cambiando, o que van naciendo al ritmo de las transformaciones tecnológicas que se producen.

Preocupa bastante en Europa y mucho menos en España. Por eso Europa desarrolla instrumentos de seguimiento de los sistemas educativos y la formación permanente, para comparar experiencias, evaluar, indicar vías de mejora. Es una tarea necesaria, dificultosa y no siempre bien entendida.

No se trata, tan sólo, de medir y analizar el sistema educativo obligatorio, la Formación Profesional, universitaria y otros subsistemas informales. Se trata también de valorar la existencia de mecanismos que faciliten la transición al trabajo y la participación e integración real de quienes se cualifican en el mercado de trabajo.

Se trata de aprender a detectar si las competencia adquiridas se adaptan a las necesidades personales, sociales, económicas, o seguimos formando en competencias no sólo infrautilizadas, sino inadecuadas. Todos estos elementos aportan elementos de juicio para establecer una valoración de lo que cada país está haciendo.

Podríamos esperar, como así ocurre, que países como Suecia, Finlandia, Luxemburgo, o Dinamarca figurasen entre los primeros en el listado de los que mejor se comportan en materia de formación, para contar con trabajadores y trabajadoras con las competencias adecuadas y necesarias en cada momento.

Sin embargo hay otros como Eslovenia, o Estonia, que también figuran en los primeros lugares y, de forma inesperada, la República Checa se sitúa a la cabeza de Europa. Son países en los que queda mucho por hacer, que no alcanzan ni tan siquiera un nivel de 75 sobre 100. Pero son países en los que se apuesta por el sistema educativo, la formación permanente, la puesta en valor de las competencias y los procesos de empleo de las personas.

España, de nuevo, como en casi todo, se sitúa a la cola de Europa con un nivel de 23 sobre 100. No es que quede mucho por hacer, sino que está casi todo por hacer. Es más, no hay uno solo de los aspectos de la evaluación de las competencias, a nivel europeo, en la que destaquemos. Somos los séptimos por la cola en Desarrollo de las competencias. Los cuartos por la cola en activación de las competencias y los segundos por la cola en adaptación de las competencias.

Hay países, ciertamente, con un sólido sistema educativo obligatorio que, sin embargo, no cuentan con buenos mecanismos para asegurar la formación permanente. Otros con sistemas educativos menos sólidos, pero que realizan un esfuerzo grande para adaptar sus competencias e insertar laboralmente a las personas formadas. Pero hay pocos países como España, en los que nada funcione bien y no cumpla ni las expectativas de las personas, ni las necesidades de la economía.

Países como Grecia, por poner un ejemplo, presentan debilidades importantes en su sistema educativo. Han extraído conclusiones y se han puesto a trabajar en corregir el abandono escolar temprano y el fracaso escolar, reforzar la lectura, las matemáticas, las ciencias. Incorporar el pensamiento crítico, las nuevas tecnologías a los planes de estudios. Se han dado cuenta de que sus materiales educativos son muy mejorables. Que el profesorado y los equipos docentes tienen que gozar de mayor autonomía.

España, con aún peores resultados que Grecia, vive en otro mundo, cree que juega en otra división y  pocas veces corrige a tiempo sus problemas. Aún mucho menos los problemas educativos y de cualificación. A muchos de nuestros empresarios les suele preocupar obtener un alto beneficio en un corto tiempo a costa de pagar bajos salarios y contratar en precario.

El nivel de cualificación de sus trabajadores supone una inversión y un esfuerzo que suponen que deben hacer los propios trabajadores o los gobiernos. Sin embargo la implicación de los sectores empresariales, junto a los sindicatos y los gobiernos es el elemento esencial para afrontar bien el reto de las cualificaciones.

No soy de aquellos que pone su confianza en las estadísticas y en las evaluaciones. Creo que siempre hay subjetivismo en la interpretación de los datos y en la valoración de los mismos. Hasta en los datos que se escogen y los que se rechazan vienen marcados por factores ideológicos o culturales. Pero no puede ser que nuestro país figure a la cola en casi todos los indicadores.

No puede ser que desde Europa nos alerten sobre las insuficiencias en materia de cualificaciones y nadie haga nada. Se acerca un nuevo gobierno, pero gobierno tras gobierno, seguimos huyendo del análisis, los informes y la evaluación de nuestras competencias. Seguimos ahondando en nuestros errores, concibiendo la formación como una oportunidad más de negocio, en lugar de abordar el problema a cara de perro y solucionarlo desde el sistema educativo y las políticas de empleo.

El día que haya nuevo gobierno estaremos atentos a las cualificaciones, intentaremos hablar de competencias y comprobaremos si de verdad hay nuevo gobierno, o un renovado más de lo mismo, más de los mismos.

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