Borrell, el nuevo africanismo

10/07/2019

Hernando F. Calleja.

Creo que uno de los grandes avances de los últimos tiempos es la creación del Área de Libre Comercio Africana (no pongo las siglas porque son un lío. Algún día se simplificarán). Son 27 los países que han firmado el acuerdo de los cincuenta y tantos que hay en el Continente, lo que me parece un logro espectacular. También el mismo argumento me sirve para lamentarme de que un continente en el que compartimos territorio, interese tan poco a la mayoría de las personas con las que hablo o me escribo en las redes sociales a diario.

La causa del libre comercio, en el caso africano, es mucho más que la posibilidad de intercambiar mercancías. Representa el establecimiento de normas nacionales e internacionales que dan seguridad jurídica al comercio. La seguridad jurídica es la primera piedra de la estabilidad económica, del desarrollo y de la articulación democrática. Pero, por elevación, crea un marco de confianza entre países que, en muchos casos, hacían bueno aquello del «odio africano», es decir, la irreconciabilidad de pueblos, tribus, clanes, incluso familias, que la caótica descolonización europea provocó en algunos casos y no resolvió en otros.

En un artículo mío, creo que de el mes de abril, publicado aquí, titulado Europa y los tres imperios, significaba la importancia que África e Iberoamérica tienen para Europa, como zonas en las que proponer modelos democráticos y estructuras sociales alejadas de los tres imperios, EEUU, Rusia y China.

África es vital para Europa y quisiera creer que Europa es vital para África. La creación del Área de Libre Comercio Africana es una gran ocasión para demostrarles y demostrarnos a nosotros mismos que la civilización europea es un modelo deseable.

… Y en esto llegó Borrell y se convirtió en Mr. Europa. Y mire por dónde, la fortuna se alía con nuestro político. Acaba de suscribirse, tras veinte años de tiras y aflojas, el Acuerdo de Libre Comercio de la Unión Europea con Mercosur. No hubiera hecho falta tanto tiempo si la Europa unida hubiera sido menos proteccionista en lo que atañe a su agricultura y su ganadería. Las plañideras del campo español estallaron en sollozos cuando se firmó hace unas semanas el acuerdo. Entre el llanto, lo que se percibía eran inquietantes demandas de nuevas subvenciones, otras más. En Francia e Italia, lo mismo. ¡Maldita PAC, cuanto ha hecho contra la libertad de comercio!

Borrell se encuentra una parte del recorrido, la iberoamericana, más despejada. A él le toca de lleno África. Para culminar su brillante carrera, el político español debe conseguir en mucho menos tiempo un acuerdo preferencial con los países que para entonces se hayan integrado en el Área de Libre Comercio Africana, colaborando a su consolidación. Puede parecer una paradoja ayudar a reforzar a quienes luego van a confrontar sus intereses con los nuestros. Europa tiene que plantear un tratado generoso, porque para nosotros, mucho más importante que establecer un mayor o menor equilibrio comercial, es favorecer que la población africana, en su conjunto, quiera y pueda quedarse en su territorio, porque en él encuentre oportunidades que ahora no tiene.

Con este desafío por delante, casi que envidio a Borrell.

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