Es de esperar que tras el bochornoso espectáculo que casi todos ofrecieron en el debate de investidura el PSOE se dará cuenta que sólo fue el partido más votado pero quien gana las elecciones es quien consigue formar gobierno. Con 123 diputados es difícil gobernar si no es con pactos estables.
Las pocas cosas sensatas que se oyeron en el Congreso partieron de la boca del dirigente del PNV Aitor Esteban y del apestado Gabriel Rufián (por independentista). Todos los demás tendrían que ir a clases elementales de educación. Si ellos son los representantes políticos del pueblo español quizás algunos empezarán a entender que haya gente que se quiera ir—
El PSOE, históricamente, es un partido que no es de fiar, pero es un maestro en incumplir no sólo sus promesas electorales si no en traicionar los acuerdos con los que llega con otras fuerzas políticas. Algún día se sabrá como han ido las negociaciones para formar una coalición con Podemos, pero lo que de momento está claro es que todos mienten, aunque algunos más que otros. Incluso la esperpéntica propuesta del candidato de modificar la Constitución para facilitar la investidura tenía un cierto tufillo fascistoide.
Está claro que Sánchez tiene pánico a gobernar en compañía y especialmente si esta está a su izquierda. Su reiterada petición a la abstención de las fuerzas de derecha así lo demuestra, aunque pretende hacer coincidir sus necesidades con lo que llama razones de Estado. El pueblo español votó. El resultado es que es y el mandato es claro: con estos mimbres articulen mayorías y gobiernen. Pero para ello es necesario hacer política y voluntad de llegar a acuerdos. Es cierto que unos los han rechazado de plano y que el mapa dibujaba un escenario de un pacto de izquierdas con el apoyo de los poco izquierdistas PNV y ERC. Pero curiosamente los posibles socios de esta hipotética mayoría son los que han recibido por parte del presidente en funciones obleas hasta llenar un carro. E incluso la buena voluntad de Rufián ha tenido como respuesta el rechazo absoluto a tratar el tema de Catalunya (que para muchos es hoy el principal problema que tiene España)
La humildad es una virtud y nunca sobra cuando se ha de negociar. La prepotencia es un vicio. En algunos momentos los socialistas parecían sorprendidos que los de Podemos no se conformaran con sillones si no que cometieran la insensatez de pretender también gobernar.
Sabido es que hay dos formas de afrontar una negociación, una es con la voluntad de llegar a acuerdos y que los actores tengan claro el final del proceso y se estrujen los sesos para articular el camino para llegar a buen puerto. La otra forma es buscar excusas y tratar de culpar al otro de la ruptura de las negociaciones dado que sólo se sientan en una mesa de cara a la galería, o lo que ahora se dice, el relato
Para sacar algo positivo del debate es la resituación en el fondo y en la forma de Pablo Casado que puede significar, el tiempo lo dirá, una cierta recuperación del PP.
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