Échame a mi la culpa

29/07/2019

Maite Vázquez del Río.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias volvieron a repetir escena con dos años de diferencia. Evidentemente han demostrado que ninguno aprendió nada y que lo que menos les importa somos los ciudadanos. La ingobernabilidad antes que ceder sillones y poltronas y no aceptar que coalición no es sinónimo de entrar cual elefante en cacharrería solo para vigilar.

Son malos tiempos y la política y sus protagonistas una vez más han evidenciado su pésima preparación para negociar, ceder, renunciar y cooperar. Los españoles tenemos fama de solidarios, pero eso es del Congreso de los Diputados para fuera. Dentro, entre los escaños se siente la inquina, las malas relaciones, lo difícil que es respetar al contrincante y conocidas las diferencias, dejar alguna puerta a la esperanza de que todo es posible por el bien del país. Pero no, Pedro y Pablo, erre que erre: dejando en la cuerda floja la valía de los votos que escoraron al Parlamento hacia la izquierda, hartos como estábamos los votantes de tanta corrupción, recorte y mala distribución del crecimiento económico.

Y hartos seguimos de temer lo peor para el sistema de pensiones, para la sanidad pública y la enseñanza pública, para el cambio climático… Todos los deberes por hacer con la enjundia que tiene cada uno de ellos, pero su importancia, contenido, interés, profundidad y todos los sinónimos que le queramos poner no son suficientes para evitar que los partidos principales de la izquierda hagan el ridículo. Y la culpa, una vicepresidencia, tres ministerios, elevados porcentajes en el control de los ingresos y los gastos públicos… Vamos que la cuarta fuerza por número de votos quería poner bajo sus siglas el meollo de un gobierno dirigido a hacer políticas sociales y hacer recuperar a la clase media española lo perdido durante la crisis y, me temo muy mucho que irrecuperable.

Ahora todo son culpas. La mirada de Pedro Sánchez clavada en Pablo Iglesias que, por segunda vez, le ha impedido ser el presidente del Gobierno. Y la mirada de Iglesias cual cordero degollado dándose cuenta de lo que acaba de hacer, y lo hizo. Eso es la izquierda, siempre peleándose entre ellos, mientras desde los escaños de PP, Ciudadanos y Vox la sonrisa no podía evitarse. Y entre los ciudadanos la gran duda, si no se ponen de acuerdo entre ellos, cómo es posible que puedan gobernar en lo que nos preocupa…

Desde luego que si esto pasa en el patio del colegio, Sánchez se la tendría jurada a Iglesias de por vida, pero no nos olvidemos que esto es política y las culpas se distribuyen según soplan los vientos. Y los vientos durante el debate de investidura volvieron a recordar cómo fue investido Mariano Rajoy tras la primera investidura fallida de Sánchez. De aquellos polvos nada aprendieron y ahora estamos en estos lodos que amenazan con un nuevo simulacro de investidura antes del 23 de septiembre o que de nuevo vayamos a nuevas elecciones en noviembre, como si no tuviéramos otra cosa que hacer porque ellos no son capaces de ponerse de acuerdo.

Los españoles les echamos la culpa a Sánchez e Iglesias, y que se peleen entre ellos o que se vayan a jugar al parchís, no nos importa. Queremos estabilidad para hacer planes de futuro, en nuestras empresas, en nuestra vivienda, con nuestra familia… y sabiendo que desde VOX, socio indiscutible de PP y Ciudadanos, ya nos han advertido que estarán contra los que aspiramos a vivir en libertad, con leyes justas e igualitarias. Si retrocedemos, la culpa será de Iglesias y Sánchez, no de los que vamos a votar creyendo que todo se solucionará y que esperamos no volver a décadas pasadas en lo que tanto nos costó avanzar.

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