A alguno le puede sonar el título de este artículo. Seguro. Es el título que dieron en España a una película del gran Pietro Germi, protagonizada por el histriónico Hugo Tognazzi y la simplona Stefanía Sandrelli. En ella, un más que maduro profesor de violín, tiene unos cuantos hijos con su esposa, otro par de ellos con su amante estable y espera otro de una amante ocasional…
La película parece una parábola de la política de Donald Trump, a quien no le basta su litigio con Corea del Norte ni sus pendencias comerciales con China ni su errática actitud en Siria y Yemen ni sus provocaciones a la Unión Europea ni la ruptura del multiacuerdo de limitación nuclear con Irán. Eso no es bastante para un constructor de éxito. Tiene que crear frentes internos de tinte populista o simplemente reaccionario, con los inmigrantes, con representantes de distintas razas a la suya, blanca blanquísima y hasta con el presidente de la Reserva Federal, que a poco que mantenga la presión a la que le está sometiendo, dirá adiós, como lo han hecho tantos de su administración, unos por decir que sí y otros por resistirse.
Las irresponsabilidades de Trump pueden acabar convertidas en responsabilidades a las que tenga que hacer frente. en instancias políticas o quizás penales y no será por el daño extremo que haya causado en el ámbito político y económico internacional, sino por alguna de las menudencias que ha contado el fiscal especial Robert Mueller, sobre la connivencia de los miembros de la campaña electoral de Donald Trump con la Rusia del autócrata Vladimir Putin.
Una parte de la sociedad norteamericana, en la que se puede incluir a representantes del Partido Republicano, da muestras de extenuación ante este político excéntrico, racista, nepótico, lenguaraz, despótico, y que no distingue las rigurosas fronteras que deben existir entre sus negocios particulares y los asuntos del estado que, en una suerte de borrachera mal digerida, le llevó a la presidencia de la República.
Con la emergencia de una especie de clon y de clown a esta orilla del Atlántico, llamado Boris Johnson, que llega a primer ministro de un gran país, como el Reino Unido, con un puñado de votos de dentro de su partido, se nos acerca el espectro de este modelo de populismo, por si no tuviéramos ya a diestra y siniestra suficientes muestras en Europa. También este desflecado rubiales está dispuesto a abrir frentes allá donde encuentre una traba o una simple renuencia a sus ínfulas sanchescobaratarias. Otro al que pronto le van a sobrar cuerdas en su violín.
Por cierto, ¿saben cuál era el título original de la película-parábola de Pietro Germi? Efectivamente, L’immorale. No necesita traducción.
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