El brusco debate con el que Sus Señorías nos obsequiaron en la rentrée parlamentaria, en el que la emigración no fue sino la excusa para escenificar el inicio oficioso de una campaña electoral en la que están ya inmersos todos los partidos, por mucho que lo nieguen, y que nos aboca a nuevas elecciones, salvo cambio imprevisto en el guión de este vodevil en que los nuevos y viejos partidos, aquí no hay diferencias, han convertido la vida política española.
Una farsa en la que la razón de Estado y el servicio a la ciudadanía han dejado de ser el principio fundamental que rige las decisiones y actuaciones de los líderes y las camarillas dirigentes de las distintas formaciones para ser sustituidos por el tacticismo, la mentira y los intereses personales y partidarios como elementos de acceso al poder y el control partidario de las instituciones.
Una manipulación dialéctica cuyo primer y principal protagonista es Gobierno en funciones con su presidente en funciones. Un Pedro Sánchez convertido en aprendiz de Trump por eso de gobernar con twit. El “no es no” a la propuesta de las Unidas Podemos y al gobierno de coalición aboca inexorablemente a volver a los comicios, salvo rendición incondicional de Pablo Iglesias y los suyos que no parecen dispuestos a más humillaciones. Y eso lo saben en Moncloa y en Ferraz, donde no ocultan que tienen prácticamente descartada una nueva investidura y preparan ya las elecciones en noviembre.
Igual ocurre en el PP de Casado donde disimulan con poco éxito las ganas que tienen de repetir unos comicios con los que mejorar los tristes resultados de abril, confiados en el “tirón” que pueden proporcionarles los gobiernos de Madrid, capital y autonomía, el desencanto del voto de VOX y la predicción de las encuestas. También en Genova admiten que trabajan ya en las elecciones e, incluso, vaticinan “cambios en los cabeza de lista” de algunas circunscripciones para colocar a dirigentes regionales y locales con mayor predicamento, en detrimento de algunos “fichajes estrella” que restaron mucho más de lo que se suponía podían aportar. Atentos a provincias como Granada, Huelva, Sevilla o en Euskadi, entre otras.
También están ya en precampaña en Ciudadanos, aunque aquí siguen diciendo, por ahora, que no van a entrar en la España Suma que plantea el PP. Piensan los naranjas que en Comunidades como Cataluña la unidad con los populares ni les suma ni prestigia. Claro que también se opusieron inicialmente en Navarra y al final entraron, y entre algunos de los próximos a Albert Rivera no descartan esa fórmula en circunscripciones donde la Ley D’Hont castiga la división y en el Senado donde esa diáspora del centroderecha dio la mayoría al PSOE.
Incluso Iglesias y Podemos se han sumado a esta operación de travestismo que tras su nueva propuesta de gobierno de coalición esconde una segunda derivada que es recuperar votos del PSOE responsabilizando a Sánchez de repetir unas elecciones en las que a priori parece serán los más perjudicados, tanto por la previsible desmovilización del voto de la izquierda como por una probable entrada en escena de Herrejón, Carmena y compañía.
Con estos precedentes la lógica y los tiempos apuntan de nuevo a los comicios. Aunque conociendo a la tropa, sus antecedentes, vanidades, veleidades y otras incoherencias, nada es verdad ni es mentira sino todo lo contrario.
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