Democracia y asuntos pendientes

11/10/2019

Maite Vázquez del Río.

Ahora que resulta inminente la exhumación del dictador Francisco Franco, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, habla de deudas pendientes, devolver la dignidad a los fallecidos durante la dictadura, recuperación de la memoria histórica y muchas cosas similares. Lo cierto es que España era el único país avanzado que aún mantenía en un mausoleo a su dictador.¿Dónde están Hitler, Mussolini o Tito?

Resultaba difícil de creer cuando aún hay familias enteras buscando por las cunetas a sus muertos, personas fusiladas sin juicio previo. Pero no son momentos para la lírica cuando aquellos seguidores que se mantenían entre bambalinas ahora se encuentran respaldados por los votos y han entrado en el Congreso de los Diputados, el Senado y  parlamentos comunitarios y ayuntamientos con las mismas reglas que ellos despreciaban durante la dictadura, las democráticas.

¿Por qué ahora? Es la pregunta que muchos nos hacemos muchos. Ha habido tiempo, a punto dle cumplirse los 44 años desde que el dictador fue enterrado en su monumento, diseñado por él y construido por los presos que él tenía encarcelados por no comulgar con sus ideas. Al principio, con la democracia recién instaurada y los que fueron perseguidos volviendo al país no parecía conveniente. A nadie se le pasó por la cabeza, bastante era conquistar todas las libertades perdidas.

Luego se empezó a avanzar en otras libertades que ni siquiera en otros países se planteaban y, entre leyes y medias, había que modernizar el país, construir todas las infraestructuras, entrar en la Unión Europea, cumplir con los requisitos de Maastricht, celebrar unas olimpiadas y una Expo… y hasta asustarnos con el intento de golpe de Estado del 23-F. Tal vez este intento fallido fue un aviso a los políticos de entonces que todavía no era bueno mover tumbas y remover conciencias. Y así fue pasando el tiempo y nadie se acordaba del dictador y su tumba.

Pero pese a las crisis económicas, las nuevas libertades, los avances en todos los niveles de la sociedad, había personas que no olvidaban a sus muertos. Y llegó José Luis Rodríguez Zapatero y puso sobre la mesa la Ley de memoria histórica. Pocos muertos desaparecidos se han recuperado, pero Francisco Franco seguía ahí, en la altura del Valle de Los Caídos como observándolo todo. Y por fin decidieron que había que cambiarlo de sitio, que no estuviera en un lugar de culto, pese a la oposición frontal de la familia, que defendía el deseo de su abuelo.

Evidentemente, como en todo, hasta en eso hay división de opiniones, o un silencio que dice mucho. Desde la extrema derecha el cambio de ubicación es un ultraje. En el PP guardan silencio por no perder votos, por si acaso. Y desde los partidos de izquierda, al margen del criticado oportunismo socialista, se aplaude que por fin se acabe con esa asignatura pendiente de la democracia.

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