Viaje a la situación

16/10/2019

Luis Díez.

Cuando una personalidad extranjera aterrizaba en el aeropuerto de Madrid, que entonces no se llamaba “Adolfo Suárez”, el corresponsal Barajas le formulaba dos preguntas. La primera: “¿Motivo y alcance de su visita?” Y la segunda: “¿Cómo ve el momento político español?” Y quien dice “político” puede decir futbolístico, artístico, científico…, según la especialidad del recién llegado. Las respuestas solían ser positivas y elogiosas. Un dirigente australiano, por ejemplo, no dudaría en calificar de muy interesante el “momento político” español: “Tienen ustedes un gobierno fantástico, una oposición increíble, un reparto del poder territorial que les procura gobiernos cercanos y les permite asistir en primera fila al espectáculo del nepotismo y las más variadas formas de corrupción. Poseen una democracia consolidada que les proporciona la satisfacción de votar cada poco tiempo y disponen de unas instituciones muy serias, rancias y lujosas”.

Aunque el corresponsal Barajas no rebasaba las dos preguntas reglamentadas, en ocasiones se extralimitaba: “¿Cómo ve a los líderes políticos españoles o candidatos a la jefatura del gobierno en las elecciones del 10 de noviembre?” Y el notable visitante contestaría: “Son unos jóvenes fantásticos, increíbles, con un alto sentido de la obediencia debida a los poderes y operadores económicos que rigen el mundo y son los que interesan al Reino de España”. El corresponsal incidiría: “¿Considera que las elecciones del 10-N resolverán el bloqueo gubernamental?” El recién llegado, lógicamente informado de la situación política española, respondía: “Si los resultados de los comicios de hace medio año condujeron al bloqueo de la formación de gobierno por la incapacidad de sus estupendos líderes de entenderse, tendríamos que contemplar dos variables: el cambio de líderes o el cambio de resultados. Puesto que los líderes son los mismos del 28 de abril, la variable se reduce al cambio de resultado”.

El corresponsal apuraría: “¿Y ante la hipótesis de que el resultado fuese similar?” El notable respondería: “Entonces les conviene olvidar el principio filosófico de que las mismas causas producen los mismos efectos y abrazar la poesía; yo les recomiendo un soneto con estrambote”. El corresponsal, poco versado y nada gongorino, remacharía: “¿Qué titulo pondría al poema?” A lo que el mandatario respondería en alemán: “Überparteiliche Neuzusammensetzung und grolse Koalition”. Y a petición del corresponsal traduciría al castellano: “Recomposición del bipartidismo y gran coalición”. El corresponsal exclamaría sorprendido: “¡Por Júpiter!” Ante lo que el notable visitante pondría cara de foto y añadiría el estrambote: “O gran conjunción parlamentaria con un gajo naranja desteñido”. El reportero recuperaría la compostura: “¿Desprecia usted las ideologías en ese poe…, digo, en ese cóctel?” A lo que el notable visitante, sin perder la sonriente mueca fotográfica, contestaría: “Desde que el capitalismo se encumbro (incluso en China) sobre las ideologías, todo es mercado; usted lo sabe y los fantásticos líderes de su país, también. No albergo duda de que actuarán en consecuencia”.

El reportero Barajas, ya disparado, se interesaría por el “momento político” en Cataluña, y el recién llegado desearía que el oleaje de protestas contra la sentencia que condena a los dirigentes de la aventura secesionista (“el Proces”) del referendo inconstitucional del 1 de octubre de 2017 fuese amainando y no se perdieran más ojos ni más testículos, pues las leyes de la física y de la política son bien distintas. “En la física, los impactos duelen a todos; en la política, agradan a unos y fastidian a otros. En Física se registran fenómenos imposibles, como que una fuerza irresistible choque contra un objeto inamovible; en Política ya dijo Aristóteles que todo es posible. Y tenía razón. Por tanto no albergo duda de que sus fantásticos líderes catalanes y españoles serán razonables y encontrarán el punto de equilibrio que en aras del bien común a todos conviene”. Agradeció el corresponsal las palabras del recién llegado, le deseó buena estancia y se quedó pensando si algún día esos estupendos dirigentes descubrirán el imposible físico o si la fuerza irresistible seguirá chocando contra el objeto inamovible, como si Cataluña fuera Chechenia, hasta el final de los tiempos.

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