‘Me gusta cómo eres’: Una noche violenta

18/10/2019

Luis M. del Amo. La pareja Galcerán y Olivares lleva a escena la exitosa comedia de la francesa Carole Greep.

Catorce años de éxito en la cartelera parisina habían pasado desapercibidos en España. Hasta que, finalmente, el director Gabriel Olivares, habitual colaborador del comediógrafo Jordi Galcerán, los autores de Burundanga – un ‘taquillazo’ que prolonga desde hace años su estancia en la cartelera madrileña – terminó con esta ausencia, y trajo a Madrid, tras reclutar a un televisivo elenco, la versión en castellano de J’aime ce que vous faites, la muy popular comedia de la francesa Carol Greep.

Otra cosa es el resultado de este empeño. Y es que esta Me gusta cómo eres, que aspira a desbancar a Burundanga en el Olimpo de la comedia capitalina, dista mucho de ofrecer los mismos atractivos de su meritoria predecesora, tanto en su punto de partida textual, como en su puesta en escena.

En esencia, Me gusta cómo eres es una comedia de parejas, que aprovecha los resortes del género para indagar en la pátina social que envuelve las relaciones de amistad. Su argumento es sencillo. Una pareja acude invitada a casa de otra pareja amiga, que, inesperadamente, acierta a escuchar una descarnada conversación de los primeros, donde los ponen ‘de vuelta y media’, tras lo cual decide vengarse. Dos parejas, interpretadas por un lado por Pepa Rus y Juan Antonio Lumbreras, y por otro por Miren Ibarguren y Óscar de la Fuente, que a la postre acabarán ventilando sus diferencias, entre velados reproches, ataques despiadados, y alguna sorpresa en el devenir de los acontecimientos.

Sin embargo, este estimulante punto de partida se ve rápidamente defraudado, por un lado por un poco agraciado texto, y por otro, por una puesta en escena desangelada, que no acierta a dotar de fluidez a los excesivamente evidentes giros de la trama, cuyos puntos de cambio aparecen siempre forzados, carentes de la gracia y del estilo que requiere el género cómico.

Además la comedia se presenta, en mi opinión, falta de ensayos y con poco rodaje antes de su llegada a Madrid. Una circunstancia que, además de multiplicar los fallos, resta ligereza a la representación, y acentúa aún más el violento, en lugar de fluido, discurrir de la trama.

Un fallo de engranaje al que tampoco ayuda, en mi opinión, la evidente falta de unidad en la interpretación de sus actores. Talentos de muy diversa procedencia, con formas de hacer muy distintas, que el brazo director de Olivares no acierta a unificar. Algo fatal a la postre con un elenco formado, de un lado, por un Lumbreras crecido a la sombra del muy personal teatro de Alfredo Sanzol, y por otro de Ibarguren y Rus, dos primas donnas de las series de comedia, que no dudan aquí en utilizar diversos resortes y maneras de sus personajes televisivos – en La que se avecina y Aída, para más señas – para goce incondicional del público, que premia con regocijo cada referencia a sus respectivos personajes de la televisión, aunque eso disgregue la integridad artística de la función, que acaba convertida en cierto modo en un pastiche, del cual sirva como resumen la sobreactuadísima actuación de De la Fuente en la escena de la comida, cuya culpa hay que atribuir más al director que a sí mismo. 

Una comedia, en suma, con poca inspiración, falta de rodaje y dispersa a la hora de integrar los diversos modos de actuar de sus intérpretes, que, pese a despertar algunas carcajadas, ligadas sobre todo a las referencias de la televisión, ahonda apenas en las posibilidades de un artefacto cómico, limitado por lo demás. 

Para incondicionales del elenco y exploradores varios.

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