Adiós a la sucursal que estrenó el cajero automático

22/10/2019

Miguel Ángel Valero.

El viernes 18 de octubre cerraron 175 oficinas del Banco Santander, la mayoría heredadas del Banco Popular. Entre las más de 1.150 sucursales que el Santander está cerrando en ese proceso de digestión del Popular, destaca una. Y es la oficina del Popular que estaba en la Cuesta de Carlos V, en el centro histórico de Toledo.

Y destaca su cierre sobre todo porque en esa sucursal del Banco Popular se instaló el primer cajero automático que existió en la banca española. Allá por el año 1973, aunque hay que retrasa su aparición hasta 1974.

El aparato de marras nació cuando el escocés John Shepherd-Barron llegó tarde por un minuto a la sucursal de su banco y vio frustrada su intención de sacar dinero en efectivo. Fue entonces cuando el ingeniero, que trabajaba en La Rue, una empresa especializada en la fabricación de aparatos para contar dinero, decidió desarrollar una máquina que permitiera a los usuarios de banca conseguir acceder a sus ahorros en metálico a cualquier hora del día.

Y así es como el 27 de junio de 1967 la sucursal de Barclays Bank de la calle Enfield, al norte de Londres, puso a disposición de sus clientes el primer cajero automático del mundo. La máquina dispensaba diez libras a los usuarios, que utilizaban un cheque impregnado en carbono 14 ligeramente radiactivo para retirar el efectivo y una clave de cuatro dígitos.

Según contó el propio Shepherd-Barron, su primera idea fue establecer una contraseña de seis dígitos, pero su mujer le convenció de que sería más fácil recordar solo cuatro números: nacía así el primer PIN.

En realidad, hubo cajeros automáticos antes. El primero fue inventado por el armenio Luther George Simjian tras emigrar a los Estados Unidos. En 1939 registró 20 patentes de un prototipo de cajero automático, que llegó a ser probado por Citigroup con escaso éxito. Parece ser que sólo lo utilizaban clientes de prostíbulos y aficionados a las apuestas (ahora escribiríamos ludópatas) que preferían no ser vistos por los empleados de los bancos a la hora de sacar dinero.

En los años 60 del pasado siglo hubo otro cajero automático en Tokio, que pasó sin pena ni gloria.

Ahora la sucursal que estrenó el cajero automático en España tiene un cartel que envía a los clientes a la oficina del Santander en la calle Comercio. Y, por supuesto, ya no tiene en sus paredes el histórico artefacto dispensador de dinero en efectivo.

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