Al circo que tiene montando el presidente de la Generalitat, Quim Torra, le crecen los enanos. A 600 kilómetros de distancia las cosas que están sucediendo en Cataluña se ven con un cristal distinto y ajeno a ese mentidero en que se ha convertido el relato del procés. Y lo que se ve es que Torra está más de incendiario que de bombero; que la suya es una presidencia para el 48% de los ciudadanos catalanes, ajena a las necesidades del 100% por muchas barricadas, incendios y hasta Danas que pasen por las calles de Barcelona, Girona, Lleida o Tarragona y resto de poblaciones. La Dana que pasa ahora por Cataluña pone de manifiesto que Torra sólo sabe estar en la confrontación y no sabe afrontar los problemas reales de sus ciudadanos.
Los hechos no son inventados. Lo que hicieron el fugado Puigdemont y el resto de los huidos o encarcelados está plasmado en una sentencia. Y las reglas son para todos, no para el 52% restante de los catalanes sino también para el 48%. Y Torra persiste en insistir como si no estuviera viviendo en Cataluña y observando minuto a minuto lo que están viviendo sus conciudadanos. Parece ser un fuera de la ley con sus seguidores. Cualquiera que se salte la ley termina en la cárcel. ¿Qué no se entiene de esta máxima? No hay presos políticos, aquí no hay represaliados, en España hay libertad hasta para legalizar partidos cuyos fines parecen ir en contra de la ley o decir lo que se quiera pese a defender posiciones ilegales.
Pese a lo que les pese, la autodeterminación no es legal. Y Torra que tanto pide ahora el diálogo, cuando sus jóvenes seguidores le están incendiando las calles y destruyendo la imagen de una comunidad modélica hasta hace dos años, de lo único que quiere dialogar es de autodeterminación. Señor president sobre la autodeterminación no hay diálogo posible. La ley lo prohibe.
El primero en no guardar las formas es usted, señor president, pero cual caudillo pide que con usted se guarden. Y su pataleta le lleva de nuevo al parlament a hablar de autodeterminación. No atiende a los avisos del Supremo ni del resto de los partidos políticos que pese a que le fastidie ahí están por expreso deseo de sus conciudadanos catalanes. No solo salió elegido usted sino todos los que se sientan junto a usted y que no comparten su sinrazón.
Su gestión ahora se dedica a buscar responsables entre los Mossos; su investigación es contra los que intentan guardar el orden en ese «desorden» que usted anima y jalea. Lamentable su actuación señor Torra que acude a los hospitales no para visitar a los heridos en su contienda, sino para recoger el papelito del informe de heridos. Deleznable su marcha en romería, celebrando su día festivo, ignorando disturbios y guerras callejeras.
Cuando no se sabe gobernar es mejor reconocerlo y marcharse. Pero resulta más que ruín usar ese cargo logrado con las reglas democráticas que imperan en toda España para emprender su guerra particular, sin resolver los problemas del día a día de sus ciudadanos; arruinando a empresarios honrados y trabajadores que son los que han levantado esa comunidad, pese a sus políticos de ahora; sembrando el odio y el miedo; dividiendo Cataluña; cargándose todo el prestigio; hundiendo el turismo y hasta animando a llenar las calles de sangre.
Quo Vadis Torra… a la cárcel o a atrincherarse en Waterloo con Puigdemont ?
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