Los índices sostenibles con sesgo de inversión socialmente responsable (ISR) obtienen mejor rentabilidad que los índices tradicionales en todas las regiones (especialmente en los mercados emergentes) en los últimos cinco años, según un análisis realizado por Afi y Allianz Global Investors.
Los mejores resultados derivados de la integración de los factores medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) se atribuyen principalmente al control del riesgo, según la guía práctica ‘Sostenibilidad y gestión de activos’, presentada por las dos entidades.
«La integración de información extrafinanciera ayuda a optimizar el control de riesgos de las inversiones y aunque no se advierta a primera vista en datos como la volatilidad, sí se verifica claramente en la disminución de riesgos extremos, esto es, de riesgos de cola», señala la directora general para España de Allianz GI, Marisa Aguilar.
Las inversiones ESG «no drenan rentabilidad, sino que consiguen una rentabilidad adicional», explica el socio de Afi Carlos Magán. «El análisis financiero que se hacía hasta ahora ya no es suficiente, puesto que hay que añadir factores extrafinancieros», recalca.
El enfoque de inversión sostenible no garantiza obtener una menor volatilidad frente a la gestión tradicional, pero presenta menores caídas y una menor exposición a riesgos extremos, medidos en términos de valor en riesgo y de pérdida esperada.
«La sostenibilidad no es una moda o tendencia, es un cambio estructural en la forma de tomar decisiones de inversión que viene para quedarse», insiste Magán. En una industria «tan avanzada y competitiva» como la financiera, «no será una opción, sino una necesidad».
«La obtención de rentabilidad ambiental y social tendrá cada vez más relevancia y sumará a la rentabilidad financiera, formando parte del deber fiduciario de los gestores de activos»,aporta Marisa Aguilar.
Los dos expertos coinciden en que las medidas legislativas van a dar un «empuje» a la estrategia ESG, gracias al impulso del regulador para que los actores financieros canalicen el ahorro de los inversores hacia la transición ecológica de la economía real. Las gestoras y los asesores financieros tendrán que preguntar a los clientes por su sensibilidad en cuanto a la sostenibilidad como parte del test de idoneidad incorporado con Mifid II, previsiblemente a partir de 2021, lo que probablemente aumentará la demanda de los productos ESG.
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