Carta abierta a Sánchez, Casado et alia

08/11/2019

Hernando F. Calleja.

Preparando una conferencia estos días de atrás he revisado los primeros tiempos de la Transición de la dictadura a la democracia en España. Sí, ya sé.. Uno de esos nostálgicos que echan de menos los años de su treintena, dirán algunos. Pero, aunque no lo crean, hay muchas personas en el mundo que siguen pidiéndonos hechos y datos y ejemplos de cuando entonces.

Y del buceo de hechos, de datos y de ejemplos para contar ha surgido la idea de escribir de manera abierta a los dueños de la situación política, enredados como andan en unas elecciones reguladas por una ley aberrante, que ignora el principio de un hombre un voto, que deberemos enunciar, con más actualidad, tino y cuidado, una persona un voto.

El enredo, al parecer, va a seguir los días, las semanas y acaso los meses siguientes, a nada que las eminencias del sistema se mantengan en su miseria característica. Por eso es por lo que me atrevo a refrescarles algunas cosas que para mi generación son muy evidentes y están muy vivas.

La muerte de Franco, sí, Franco, el que viaja en el ataúd volante, dejó a la sociedad española expectante. No se trataba de llegar a un acuerdillo de legislatura o de investidura, como ahora, se trataba de cambiar una dictadura por una democracia. Y se hizo. De izquierda a derecha, firmaron los Pactos de la Moncloa el Partido Comunista (ilegal y criminalizado apenas cinco meses antes), cuatro partidos de la familia socialista, el Partido Nacionalista Vasco, nacionalistas catalanes (no recuerdo la sigla que los aglutinaba), Unión de Centro Democrático y Alianza Popular .

No sé si esto se enseña en las escuelas y colegios, por reciente que sea la historia, pero esos pactos se fraguaron en muy pocos días. No llegó a un mes el proceso, aunque hubo unos contactos previos. Era octubre de 1977 y las elecciones generales se habían producido el 15 de junio. Vertiginoso, ¿no?

A riesgo de exhaustivo diré que se pactó, entre otras cuestiones más instrumentales, la implantación de la libertad de expresión, de reunión y asociación. Se estableció la reforma del Código Penal, del Código de Justicia Militar, se modificaron las leyes que sojuzgaban a la mujer, se eliminó el Tribunal de Orden Público, se abrió la puerta a las autonomías…

En el orden económico se pactaron una reforma fiscal en profundidad, una política presupuestaria equilibrada, una política monetaria ágil y proactiva, una política de rentas razonable y congruentecon una inflación del 26 por ciento anual, la reforma de la Seguridad Social, la reforma del sistema financiero, la modernización agraria, la redimensión del sector público empresarial, por citar las más sobresalientes.

El acuerdo económico, pilotado por Fuentes Quintana, se fraguó en veinte días y se firmó en dos días (8 y 9 de octubre de 1977). El acuerdo político, que cambiaba la dictadura por un sistema transitorio que apenas duró un año, hasta la Constitución de 1978, se negoció en veintiséis días.

Señor Sánchez, señor Casado, señor Rivera, señor Iglesias y otros señores, no me digan que unas medidas políticas para asentar de una buena vez el sistema autonómico, para garantizar de verdad la situación de la mujer en todos los órdenes, para regular humanitariamente la inmigración, para enderezar el desempleo, para dar el salto digital y trabajar por la conservación del medio ambiente son cuestiones tan arduas e irreconciliables como cambiar todo un sistema político, como se hizo entre 1975 y 1978. No lo son.

Lo que pasa es que las generaciones que convergieron en la Transición supieron, como dijo Fuentes Quintana, dar con el diagnóstico compartido, y se pusieron manos a la obra. Lean, repasen, pónganse el mono y olviden sus egos y sus elevadas expectativas personales, superen de la ruindad que les adorna.

Atentamente

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