Ni vencedores ni vencidos, crónica de un fracaso colectivo

22/11/2019

diarioabierto.es. Carlota Guindal, periodista de tribunales, aborda la causa por el 1-0, y llega a la conclusión que se trata de un proceso de "fracaso colectivo" en el que se trata de trasladar a la Justicia las cuestiones políticos.

El juicio del procés no ha servido para arreglar el conflicto en Cataluña. Incluso ha encendido la mecha entre los más radicales que en nombre de la libertad de los presos están tomando las calles de Barcelona, paralizando el aeropuerto y las estaciones de tren y cercanías y la circulación entre España y Francia. Y todo porque como explica la autoria de Ni vencedores ni vencidos» los jueces aplicaron la ley, pero en la ley no está la solución de la división en Cataluña entre los propios catalanes y de los catalanes independentistas con el resto de España.

Ni vencedores ni vencidos (publicado por la editorial Península) es la crónica del juicio del 1-O, en el que los acusados esperaban comprensión política y los que acusaban, el restablecimiento de la obediencia. La sentencia ha supuesto años y años de cárcel para los condenados y un conflicto que se ha enquistado y radicalizado.

Carlota Guindal nos introduce a los actores de este proceso judicial. Por un lado, el fiscal Maza de quien nos recuerda que había abandonado su tranquilo puesto como magistrado del Tribunal Supremo para asumir un año antes, en noviembre del 2016, el cargo de fiscal general del Estado. En esas fechas, con Rajoy de presidente del Gobierno y Catalá de ministro de Justicia, el desafío independentista estaba despegando.

Maza pronto se convertiría en la bestia negra del independentismo. La fuerte presión que vivió en aquellas fechas no lo ayudó en su salud, y falleció un año después de haber asumido el cargo. El 18 de noviembre del 2017, a los quince días de haberse querellado contra Puigdemont, murió en Buenos Aires durante un viaje de trabajo.

Cuando el caso comienza a enjuciarse ya no puede pararse,  pese a que la intención de  Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y Rafael Catalá era utilizar la Justicia para presionar a los dirigentes catalanes a que abandonaran su actitud.

Su postura suponía un torpedo en la línea de flotación de la estrategia de Rajoy. Había habido tiempo suficiente para la política; aunque pudieron sentarse a hablar y negociar, no lo hicieron, así que se les había acabado esa oportunidad. Ahora empezaba el momento de la Justicia, y Puigdemont, su vicepresidente Oriol Junqueras y el resto de los consejeros iban a ser encarcelados. “Nosotros somos como perros de presa, cuando nos sueltan vamos a morder; no estamos para hacer política ni diplomacia”.

 

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