Entre negociaciones y despedidas

22/11/2019

Maite Vázquez del Río.

Las últimas elecciones generales no han traído muchos cambios en lo que a los ciudadanos nos importa. Seguimos con un Gobierno en funciones. Y nos preocupa. Una preocupación que también ha llegado a Europa.

Volvemos a las reuniones y negociaciones para formar gobierno. Ahora Sánchez e Iglesias se abrazan y ese acuerdo resulta que no ha gustado sobre todo al mundo financiero y económico. Hay miedo y los inversores lo dijeron haciendo caer la Bolsa. No se fían del que hasta tener un chalét en Galapagar hablaba de la casta y de lo bien que vivían las clases acomodadas. Hay temor por las subidas fiscales y por las medidas que se puedan adoptar en esa frase tan manida desde el siglo XX del reparto de la riqueza.

La cuestión catalana, por otro lado, sigue encangrenándose. En ese pulso con el Estado, ya empieza a haber brazos armados, incendios, cortes de carreteras, interrupción del tráfico rodado, ferroviario y aéreo… Y Puigdemont frotándose las manos mientras sus compañeros de desobediencia están en la cárcel. Ahora ERC tendría otra vez en su abstención la llave de la gobernabilidad, y lo que antes pedían a gritos, que Sánchez e Iglesias se entendieran, unos meses después ya no les vale. En el fondo, el independentismo espera que llegue el PP de la mano de VOX y les den con su mano dura para acabar con el brote independentista y convertirse en víctimas de la represión. No ven otra salida porque las encuestas muestran que son cada vez menos los catalanes los que quieren oir hablar de independencia pese a que en sus instituciones la estelada y los lazos amarillos campen a sus anchas. Y hasta empiezan a descreer de su president Torra por su desastrosa gestión.

La llamada de las viejas glorias políticas a un acuerdo entre partidos constitucionalistas tampoco parece haber calado. Que lo digan Felipe González y Aznar no sirve para acallar los egos de los actuales políticos que, como Pedro Sánchez, buscan más como apoltronarse que en utilizar la lógica de las circunstancias, sobre todo, económicas. Ni la sentencia de los ERE de Andalucía, que oficialmente ya tiene la etiqueta de corrupción aunque los dirigentes políticos de aquella época no se lucraran, ha cambiado su estrategia de mover las fichas en el tablero de La Moncloa.

Y los últimos actores en aparecer en la escena, los políticos de VOX van de creciditos y renegando de la violencia de genéro y de todas las ocurrencias que surjan porque ahora tienen un aforo más amplificado para hablar.

Y por último Ciudadanos deshaciéndose. La marcha de Rivera lleva el efecto dominó con Villegas y de Páramo siguiéndole. Inés Arrimadas se queda sola en el intento de refundar el partido sin el carismático líder del 155 y su negativa descarada a reunirse con Sánchez cuando de su mano hubiera estado la solución de tener un gobierno estable y sin deudas que pagar. Ahora en el PP esperan que les lleguen todos los desencatados de Ciudadanos y líderes como Feijóo ya les están abriendo sus abrazos para acogerlos.

En fín, más de lo mismo y sin gobierno que calme las preocupaciones de trabajadores, pensionistas, jóvenes… y acalle las advertencias de Bruselas.

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