Precio y desprecio

28/11/2019

Hernando F. Calleja.

Va siendo hora de que estos políticos pequeños del momento sean consecuentes con las responsabilidades que han contraído al aceptar los votos de los ciudadanos y aspirar a administrar la res publica, en nombre y representación delegada por ellos.

Asistimos a un tráfico indecente de las voluntades de los ciudadanos. Véase como ejemplo la falaz consulta del PSOE a su militancia sobre algo que ya se había decidido y firmado públicamente por su secretario general, que durante toda la campaña había, cuando menos, puesto en duda la viabilidad de tal acuerdo.

La dirección del PSOE da por bueno un respaldo del 1,4 por ciento de los que le votaron en noviembre para legitimar un giro político sorprendente. ¿Qué hubiera hecho la dirección del PSOE si el resultado de su consulta le hubiera sido adverso? ¿Sánchez se habría ido a casa o habría invocado los 6,7 millones de votos cosechados en las elecciones para quedarse? Hay una falacia clamorosa en el planteamiento y en el resultado. Hablamos de desprecio.

Hablemos ahora de precio. La decisión de la dirección del PSOE ha sido quedarse y plantear una nueva situación abismal. Una negociación con los partidarios de contravenir toda una serie de leyes, algunas de cuyas contravenciones han dado ya con los huesos en la cárcel de los más conspicuos miembros de ese partido. La opción dista mucho de ser ejemplar. Ante el tapete de esta mesa, un partido que cree en sus posibilidades de éxito porque el otro jugador pasa por dificultades, está débil y con un resto exiguo. Frente a ellos, un jerarca efectivamente exhausto, que cifra sus únicas posibilidades de éxito en un farol y subsecuentemente, en hacer trampas.

La dirección del PSOE sigue diciendo que la línea roja de la negociación es la Constitución, esa Constitución que el fugitivo de Waterloo declaró derogada ante todo el mundo. Pero ya ha enviado por delante al melifluo secretario general de los socialistas catalanes con una declaración de intenciones que sobrepasa holgadamente el límite constitucional, como muy atinadamente señala Manuel Conte (Occam y las naciones, en Expansión. Léanlo si están confusos).

¿De qué resto dispone realmente el secretario general del PSOE para jugar? ¿De la Constitución y de la interpretación cabal que en su día hizo el Tribunal Constitucional en sentencia de 2010 a propósito de la nación española? ¿O pretende jugar con ese retruécano de la nación de naciones, con la que no sé si volverá a engañar a los independentistas catalanes, pero a nadie más? Y lo que es aún peor. Si en la jugada gana el envite el independentismo y se queda con sus prendas, ¿quién las va a pagar efectivamente?

Creo no equivocarme si digo que hay mucha gente que no respalda la partida, que no quiere correr ese albur. Como dice Astley …” para usted, da lo mismo mil libras que diez luises. De todos modos los va a perder…” (El jugador, de Fedor Dostoyevski).

 

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