La hora

02/12/2019

Josep M. Orta.

Uno de los sectores también afectados por las nuevas tecnologías y que con frecuencia pasa desapercibido es el relojero. Durante años los suizos cobraron merecida fama por la precisión de sus relojes, la perfecta maquinaria que garantizaba la hora exacta durante siglos.

Hoy, como ha pasado con los teléfonos, la informática ha relegado al ostracismo el viejo oficio. El reloj antes servía para mirar la hora, hoy ademas de cumplir esta misión también es utilizado para saber la temperatura o la altura o brújula, sirve de generalizador, es útil recibir mensajes, actuar en las redes sociales….

Atrás quedan aquellos tiempos en los que periódicamente teníamos que darle cuerda para que funcionara e incluso en los relojes más humildes teníamos que corregir la hora. Es verdad que muchos seguimos llevando un reloj en la muñeca pero sus funciones son muy diferentes, aunque se mantiene mejorada la precisión suiza, aunque hoy la función de muchos relojeros se limite a cambiar pilas.

Pero toda esta precisión relojera no siempre tiene paralelismo en nuestra vida cotidiana. Tenemos una Constitución que lleva más de cuarenta años atrasada, una vida política que unas veces se atrasa notablemente (la prometida abolición de la ley de la reforma laboral o la ley mordaza) o la aplicación de leyes como la de la memoria histórica o propuestas que tienen el reloj parado a la hora de aprobarse, como la regularización de la eutanasia.

Tampoco la justicia lleva su reloj en hora, unas veces por lenta (el recurso a la ley del divorcio lleva más de ocho años almacenando polvo en el Tribunal Constitucional o los recursos de los catalanes que están paralizados para paralizar su recurso ante los tribunales europeos) mientras otras, los recursos del Gobierno, actúan con una celeridad inusitada.

También los trámites burocráticos con mucha frecuencia se eterniza su resolución o la falta de inversiones en la sanidad pública (en beneficio de la privada) provoca unas interminables esperas.

Podríamos seguir, sólo constatar que también la clase política tiene buenos motivos para poner el reloj en hora de acuerdo con la sociedad. Aunque no lo parezca los políticos están para resolver problemas aunque con frecuencia parece que su función es crearlos.

Quizás, por muchos relojes que hayan y por más prestaciones que presten, son demasiadas cosas que no van a la hora.

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