¡Qué los dioses no lo permitan!

02/12/2019

J. M. Miner Liceaga.

Si, por fin -¡qué los dioses no lo permitan!- vamos a unas terceras elecciones, yo recurriría a mis queridos conciudadanos, tengan la inclinación política que tengan, para que nos manifestemos de manera globalizada, que es lo que se lleva por el mundo, menos por aquí, que hemos vuelto a los reinos de taifas del siglo XI, más o menos, para solicitar, qué digo, exigir a esos conspicuos políticos que nos quieren gobernar, como la canción de María Cristina, la correspondiente memoria económica de cada uno de los partidos que decidan concurrir a las elecciones. El único objetivo es saber lo que están cocinando en la trastienda.

Mucha reunión aquí y allá, mucha sonrisa falsificada, mucha fotografía, muchos titulares, mucha pose, pero nada de sustancia que pueda desnivelar hacia un lado u otro la balanza de la ofrenda votiva… De “chicha”, de la que se come, no de la que se bebe, poca, muy poca. Y los ciudadanos queremos saber el contenido de las entretelas porque, si de verdad -da risa y sonrojo casi al mismo tiempo- nos comunican que de lo dicho no hay ná y que los escolares vuelven a quedarse sin cole otro lunes para satisfacción (?) de los padres, pues que Dionisio nos asista durante todo un domingo hasta conocer, a pocas horas después de entrada la noche, que los votantes mantienen, también más o menos, sus anteriores posiciones…

Debería existir -a lo mejor si existe- una normativa que hiciera obligatoria la presentación de una memoria económica. Una por partido, se sobreentiende. De esta forma tan simple sabríamos con bastante más detalle que será de nuestras pensiones, cómo se hará la distribución de la renta, hacia qué derroteros va a discurrir la fiscalidad, si van a desaparecer los coches oficiales más que nada por aquello del cambio climático…; conoceríamos si el clero va a ser generoso con los impuestos de sus inmuebles, tendríamos conocimiento de los tantos por ciento que se van a destinar ora a educación ora a investigación en los correspondiente capítulos presupuestarios…; de impuestos da lo mismo que nos hablen o no porque se da por leído, como en la juntas de accionistas con la memoría de la entidad, que nos los van subir, directa o indirectamente…; qué planes se proponen para corregir esa desigualdad que crece año a año de manera paulatina pero constante… si se va o no a maquillar la reforma laboral que festejaron empresarios y trabajadores, aunque de forma bastante desigual… qué fórmula se dibujará en la pizarra -parece que tendrá que ser mágica- para rebajar las cifras del paro…

Moriremos igualmente con las botas puestas, como sucedió con el 7th de Caballería -pueden interesarse por la biografía del general Custer-, pero al menos iremos a las urnas, por tercera vez -si Zeus lo permite- con la mente rebosante, no de ciencia infusa, y si de conocimientos económicos que, ¡oh sorpresa! igual resultan coincidentes, en sus líneas maestras, con los efluvios procedentes de Bruselas, reconfortantes para unos y desconsoladores para otros más progres.

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