Inversiones a la fuga

19/12/2019

José María Triper.

Primero fue el Círculo de Empresarios, cuyo presidente John de Zulueta, confirmaba que ya había una fuga de inversiones en España consecuencia del anuncio de gobierno de coalición del PSOE con Podemos. Después fueron las empresas de consultoría las que alertaban de una oleada de consultas de empresas y particulares para trasladarse a Portugal, además de que ya hay constancia de que algunas multinacionales se están planteando trasladar su dirección ejecutiva para el mercado ibérico desde España al país vecino.  Y alarma también manifestaron los responsables de la CEOE en la última Junta Directiva de este año al denunciar una caída de inversiones, que ya se está produciendo y que todo apunta se va a incrementar a corto plazo, especialmente por el auge de los populismos y su casi segura entrada en el Gobierno.

Fernández de Mesa explicó que la incertidumbre política, los populismos, el Brexit y la falta de una política migratoria en el UE son los cuatro jinetes del Apocalipsis que amenazan las inversiones, en un contexto económico mundial que el presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la patronal definió como “desaceleración sincronizada de carácter global”, con especial incidencia en Europa, América Latina y China. Al tiempo en que insistía en  que el recurso a la política monetaria “se ha agotado”.

Fuga de inversiones que se produce en un contexto en el que la Comisión Europea, el Banco de España y la propia CEOE certifican que la situación económica de España presenta claros síntomas de empeoramiento, perceptibles tanto en la evolución del consumo de las familias como de la inversión y las exportaciones de las empresas. En consonancia, como expone la organización empresarial, con el debilitamiento de la actividad, se ralentizan también el ritmo de creación de empleo en el sector privado y la reducción de la tasa de paro, y empeoran el saldo por cuenta corriente y la productividad del trabajo.

Las últimas previsiones del Banco de España, revisadas a la baja el pasado septiembre, apuntan a un crecimiento del 2 por ciento del PIB en 2019 y del 1,7 por ciento en 2020 y las previsiones de Otoño de la Comisión Europea para España son, incluso, más pesimistas y dejan el aumento del PIB en el 1,9 por ciento en 2019, y en el 1,5 por ciento en 2020

A ello se suma el impacto negativo de la subida del SMI, una de las promesas estrella del tándem Iglesias-Sánchez. El Banco de España y la Comisión Europea alertan también de la pérdida de competitividad interior y exterior de nuestras empresas y productos por este incremento salarial y hasta el propio secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado ha reconocido recientemente que el incremento del SMI de 2019 había disparado la economía sumergida. Se rompe, así, un período de moderación salarial que impulsó las exportaciones y aumentó la sensibilidad del empleo al crecimiento del producto. Así es, y así lo ven todos, desde dentro y desde fuera. Todos menos quiénes deberían verlo y evitarlo. Ellos siguen adelante, ciegos y con las orejeras puestas, anteponiendo sus ambiciones personales a los intereses de España y el bienestar de los españoles que es lo que les debiera ocupar y preocupar. ¡Vaya tropa!

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