El populismo amenaza el empleo y expulsa la inversión

26/12/2019

José María Triper.

Calma. Tensa pero calma. Así define un destacado responsable empresarial la situación que viven hoy la gran mayoría de los empresarios españoles ante la incertidumbre política interna y en el exterior y la amenaza cierta de una crisis económica que ya empieza a sentirse en el consumo, la inversión y en las exportaciones. Un empresario dividido entre quienes apuestan por “esperar y ver”, y quienes echan en falta una “mayor contundencia” de las cúpulas de sus organizaciones representativas para responder a “lo que viene de fuera y lo que nos dicen que viene desde dentro”, con un gobierno en manos de populistas e independentistas.

Eso sí, unidos todos por la constatación generalizada de un deterioro continuado de la productividad y la competitividad de la economía española, consecuencia de lo que consideran “inoperancia del Gobierno” para acometer las reforma pendientes en nuestra economía, que recomiendan todas la organizaciones internacionales, y la “deriva populista” de un Ejecutivo que se empeña en “repetir multiplicados los errores del zapaterismo que nos llevaron a la mayor crisis económica de la historia moderna.

Bajo este prisma, y en base a los informes de la Comisión Europa, la OCDE, el FMI y el propio Banco de España tanto el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, como el presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la organización empresarial, Iñigo Fenández de Mesa, aludían en la última Junta Directiva de este año al impacto negativo de la anunciada  subida del SMI sobre el empleo, al tiempo que alertaban de la pérdida de competitividad interior y exterior de nuestras empresas y productos por este incremento salarial recordando también las declaraciones del propio secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, quien reconocía recientemente que el incremento del SMI de 2019 había disparado la economía sumergida.

Recordaron también que los requisitos acordados para esa subida a 1.000 euros del salario mínimo eran un crecimiento del PIB del 2,5 por ciento –vamos a cerrar el año en el 2 por ciento como máximo- y la creación de 400.000 puestos de trabajo, cuando estamos asistiendo a un estancamiento del empleo, mientras hacían suyo el temor generalizada de sus asociados a que si se confirma ese gobierno Frankestein con Podemos y el apoyo de los independentistas de ERC el diálogo social deje de ser un diálogo para convertirse en un “trágala” para los empresarios.

Alarma también manifestaron los responsables de la CEOE al hablar de una caída de inversiones, que ya se está produciendo y que todo apunta se va a incrementar a corto plazo, especialmente por el auge de los populismos y su casi segura entrada en el Gobierno. Fernández de Mesa explicó que la incertidumbre política, los populismos, el brexit y la falta de una política migratoria en el UE son los cuatro jinetes del Apocalípsis que amenazan las inversiones, en un contexto económico mundial que el presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la patronal definió como “desaceleración sincronizada de carácter global”, con especial incidencia en Europa, América Latina y China. Al tiempo en que insistía en  que el recurso a la política monetaria “se ha agotado”.

Las últimas previsiones del Banco de España apuntan a un crecimiento de sólo el 2 por ciento del PIB en 2019 y del 1,7 por ciento en 2020 y las avanzadas de la Comisión Europea para España son, incluso, más pesimistas y dejan el aumento del PIB en el 1,9 por ciento en 2019, y en el 1,5 por ciento en 2020. Y si nos centramos en los indicadores de inversión vemos como el indicador de confianza empresarial que publica el INE apunta a una caída del 2,6 por ciento en el cuarto trimestre de este año. Igualmente el indicador de producción de bienes de equipo muestra una clara desaceleración a lo largo del año con un avance promedio de sólo el 1 por ciento en el tercer trimestre, período en el que las importaciones de bienes de capital han caído un 1,4 por ciento y la inversión en construcción registra un retroceso del 0,7 por ciento interanual tras mostrar un descenso intertrimestral del 2,6 por ciento.

Así es, y así lo ven todos, desde dentro y desde fuera. Todos menos quiénes deberían verlo y podrían evitarlo. Pero como dice sabiamente el refranero, no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que quién no quiere oir.

 

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