Pues sí, la vida igual y el rally de la víspera no fue más que un espejismo pasajero. Las Bolsas siguen bajando presas del pánico, los mercados europeos siguen sumidos en las turbulencias de la deuda y los americanos en los temores de una recesión.
Pero no sólo esto sigue igual. Hay cosas que, lamentablemente, no cambian, fundamentalmente la incapacidad de Estados Unidos para cualquier autocrítica. Viene esto a cuento de los comentarios de Obama acerca de la naturaleza de la crisis que atravesamos. ha venido a dejarnos dos perlas de consideración. Una: «Siempre que pasa algo en España termina por afectar a Estados Unidos». Dos: «Esta crisis está causada por Europa y sus problemas con la deuda soberana«.
No es mi costumbre meterme directamente con el presidente de los Estados Unidos, que se supone que es un tipo poderoso, pero no me queda más remedio. Mire usted, señor Obama, si esa es su percepción de lo que pasa, lo mejor es que dimita de inmediato por el bien del mundo. Tiene usted el mismo problema de miopía que aquejó a General Motors y la condujo a la quiebra.
Cuando los automóviles japoneses constituyeron una amenaza para la todopoderosa General Motors, en lugar de investigar por qué los americanos comenzaban a compara masivamente estos automóviles optó por la campaña de «americanismo exacerbado». Captó algunas simpatías, pero terminó acogida a la Ley de quiebras y haciendo autocrítica. ¿Quieren los americanos coches tan grandes y que consumen tanto para circular por carreteras con velocidad limitada? ¿Quieren los americanos coches que no pueden aparcarse en las cada vez más congestionadas grandes ciudades?
Pues con usted, igual, señor Obama. Haga algo de autocrítica antes de que sea demasiado tarde y acepte al menos que el espectáculo que ustedes han dado con su techo de deuda ha sido bochornoso o que su incapacidad absoluta a embridar el déficit supone un lastre considerable para apuntalar una recuperación económica que muestra su lado débil en cuanto la Fed retira las medidas de estímulo.
Mire, caballero. Venir ahora con que cuando España entra en crisis termina por afectar a Estados Unidos es tan absurdo como obviar que los problemas de fondo son los mismos en ambos países: descontrol del déficit, abultada deuda y una crisis inmobiliaria de consideración.
Le diré además que en el caso de España tenemos un gobierno que se ha revelado absolutamente inútil. El caso estadounidense no lo conozco tan a fondo como para poder establecer similitudes, aunque las simplezas de su presidente me animan a pensar que pueden existir coincidencias también en este apartado.
Y para culminar vayamos con eso de que la crisis es europea. Señor Obama, por ahí no paso. No es europea la crisis subprime, no era europea Lehman Brothers y no es Europa la que puede entrar de nuevo en recesión. Mírese bien al ombligo y establezca la nacionalidad adecuada para todas esas cosas y verá cómo todas ellas tienen pasaporte estadounidense.
Europa, es cierto, tiene problemas con algunos países y su deuda. Tiene problemas con Grecia, Irlanda y Portugal y el coro de especuladores al servicio de los grandes poderes quiere incluir en el grupo a España, Italia y hasta a Francia, cuyo nombre aparecía hoy vinculado a una posible rebaja del rating desmentida con rotundidad desde las cúpulas de los innombrables.
Pero el principal problema de Europa es Estados Unidos y la debilidad de su crecimiento. Hasta donde yo conozco, Alemania o Francia van bastante mejor y si yo conozco eso doy por estaclecido que usted también debería conocerlo.
No intente usted echar balones fuera, señor Obama, y atienda a sus responsabilidades inmediatas porque sus nuevos mejores amigos, los chinos, están empezando a impacientarse y son de los que siempre pasan factura. Y, sobre todo, deje de decir sandeces. El mundo no puede permitirse que el presidente de Estados Unidos diga tonterías.
¿Quiere usted pruebas de que el mundo no puede permitirse que usted diga tonterías, señor Obama? Ahí las tiene. El Dow Jones ha bajado un 4,62%, el S&P 500 un 4,42% y el Nasdaq un 4,09%. Señor Obama, los problemas americanos son tan serios que la reacción de ayer a las palabras de la Fed ha quedado en nada.
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