«He tenido una vida maravillosa»

08/01/2020

Carmen Duerto. Fallece la Infanta Pilar de Borbón, hermana mayor de Don Juan Carlos, a los 83 años.

La Infanta Pilar de Borbón, hermana del Rey Juan Carlos, ha fallecido este miércoles en Madrid, a los 83 años, según han confirmado a Europa Press fuentes del centro médico Ruber Internacional, donde estaba ingresada desde el pasado 5 de enero.

La infanta Pilar siempre aceptó que ella no sería la “elegida” por el hecho de ser mujer, nunca se rebeló contra esa discriminación y aceptó de buen grado que su hermano pequeño, el rey Juan Carlos, se pusiera el primero. Era una mujer que olía a rosas “compro la colonia en farmacias de viejo”. Desayunaba un té y a media mañana un café con azúcar y sin leche, “yo no tomo leche desde que dejé la de mi madre porque no me gusta”. Tampoco en su mesa se servían aves, “no nos gusta nada que tenga plumas”, pero al marisco no le hacía ascos, “tiene un precio tremendo así que me conformo con unas gambas”. Sobre su buen apetito no dudaba en aclarar “gracias a que tengo un estómago de avestruz lo digiero todo muy bien, sólo tengo que reducir las grasas”. Y precisamente en el intestino comenzaba su debilitamiento hasta apagarse serenamente y sin hacer ruido una soleada mañana de enero. En un año, al que le hubiera gustado sumarse porque su deseo era “ver crecer a mis nietos y a que mis hijos les vaya bien”. La infanta Pilar ha sido la figura clave en unir a una familia desestructurada por múltiples motivos, pero eso será la Historia quien lo juzgará. Esto pretende ser un perfil humano de la mujer que durante muchos años tuvo la gentileza de regalarme retazos de su vida y de sus pensamientos.

“Mi madre ha hecho de padre y de madre y ha realizado una labor magnífica. La verdad es que no tengo palabras para agradecerle lo mucho que se ha volcado con nosotros. Ella siempre ha dicho que era su deber y obligación como madre.., pero verdaderamente es una madre excepcional”, así me describía en una rara entrevista que me concedía en 2005, Simoneta Gómez-Acebo y que fue publicada en El Mundo, la labor de la infanta doña Pilar, como madre-viuda de una familia numerosa de cinco hijos, en los que exceptuando Simoneta que estaba recién casada, el resto eran varones adolescentes. En una de esas raras excepciones en las que la prima mayor del rey Felipe, hablaba, tuvo a bien hacerlo conmigo y sobre su madre “entiendo la gran angustia de mi madre cuando, tras 23 años de casados, muere mi padre y comienza a pensar en qué va a ser de todos nosotros. Lo cierto es que ha pasado la prueba con matrícula de honor”. En lo últimos tiempos las tornas se invirtieron y era Simoneta la que, como Ave Fenix, sobrevolaba sobre su madre y trataba de hacerle la vida más fácil, aunque el hijo que lo puede estar pasando peor sea Fernando, el pequeño, que es el que ha vivido con ella casi siempre y el que la ingresaba en la clínica Rúber de Madrid el 5 de enero, paradójicamente el día de Reyes y de la que no ha salido con vida. Parece que la última dosis de quimioterapia, que le daban el 28 de diciembre, no le fue bien y arrastraba más malestar del habitual. Pensaron en un tratamiento en Estados Unidos para intentar “enquistarle” el cáncer, pero tuvieron que descartarlo. Dada las fechas alguno de sus hijos no estaba en España. Todos fueron avisados y han podido despedirse de ella, así como sus hermanos y cuñados.

La infanta Pilar, doña Pi o La Pili como su hijo Bruno la llama cariñosamente, ha sido una mujer de carácter, hasta tal punto que en la última entrevista que me concedía en noviembre, me decía literalmente, ante mi pregunta “¿Con esa fortaleza que la caracteriza seguro que amenaza al cáncer y le dice; tú ahí quieto o te doy? (Se ríe) son ciertos momentos, ciertas horas del día en las que me fatigo más, pero desde luego, si me canso, me levanto y me voy”. La infanta Pilar me concedía anualmente una entrevista en la que hablaba de todo, jamás censuró una pregunta e incluso, utilizaba su habitual forma castiza para contestarme. Ese momento en el que califica a su hermano, el rey Juan Carlos, como una portera, es impagable “mi hermano tiene la manía de las comunicaciones y quiere tenernos localizados a todos porque es curioso. Mi hermano es como una portera al que le gusta saberlo todo y nos llama o nos pone whatsapp todo el rato”. Y con él también coincidía en gustos gastronómicos pero no en su pasión por el mar “yo no voy a barcos pero sí me encanta el marisco, seguro que con mi hermano comería bien. Mi padre me dijo cuando vayas a un sitio entérate quién eres en ese sitio. De forma que si voy a Sanxenxo, seré la hermana del rey con lo cual pasaré a la cola, así que no voy. En tercera fila se aprende muchísimo porque ves venir, te educan desde chiquitín a estar en tercera fila. Yo soy directa y a veces eso ofende”. En esa última entrevista, en la que el mal estaba presente, no porque fuera en silla de ruedas o tapada con un sombrero, es porque al ofrecerle su habitual cafecito de media mañana, ella lo rechazó y me dijo: “uno de los efectos del tratamiento es que la cosas calientes no las aguanto porque me sabe a metal todo lo que bebo” Tenía la boca seca y le costaba hablar pero no quiso hacer un receso para descansar y hacer gárgaras con agua para humedecer la boca «los Borbones sólo descansamos cuando nos morimos». Hicimos un breve repaso por su vida porque ambas sabíamos que era posible que fuese la última entrevista que me concedía “gracias a Dios, he vivido bien. He tenido una vida maravillosa, unos padres que no se puede decir más de ellos y que nos han educado para la vida, que es lo que más les agradezco. Si a alguien le he hecho daño, pues sí me arrepiento. Espero no haber hecho daño a nadie pero no cambiaría nada de mi vida”. Y con casi lágrimas en los ojos me fiaba su deseo más íntimo “me han pasado tantas cosas buenas en la vida que he tenido mucha suerte, pero sí me gustaría ver crecer a mis nietos y que les vaya bien en la vida y también a mis hijos”.

También aprovechó para despejarme dos comentarios que se hacían en la sociedad sobre su trato con su cuñada, la reina doña Sofía: “la quiero y aprecio muchísimo. Ella ha aguantado mucho y es una magnífica mujer. Ustedes se han inventado una supuesta rivalidad. Discutir hemos discutido muchísimo pero nunca nos hemos llevado mal. Poca gente ha hecho tanto por la música en España, como ella, fíjese que cuando ellos llegaron, Sofi comenzó a traer a España a grandísimos músicos, Zubi Mehta o Rostroprovich que se cogía unas castañas de vodka tremendas y cuando él nos convidaba lo hacía con caviar y decía “es que tengo ya mucho dinero” y sobre la reina Letizia, sólo tenía buenas palabras, “en la familia se la aceptó divinamente y la arropamos mucho por nuestra parte y es francamente simpática, muy inteligente y pregunta mucho, eso es algo que me gusta. No pide consejo pero sí que pregunta “Qué hiciste cuando tal cosa?”. Para todas esas preguntas sobre la vida en la familia real o las situaciones a las que ha tenido que enfrentarse, dada su posición, y que sólo la inteligencia emocional o una educación especial, te las resuelven, como la propia infanta me aclaraba; “siempre me ha importado muchísimo la educación. Mi padre me sacó muy pronto del colegio de las Esclavas en Portugal y las monjas, como yo sabía hablar francés muy bien, me pusieron a darles clases de francés a un grupo de chicas españolas y después me hice enfermera del Estado y ahí también enseñaba a las alumnas jóvenes pero no de libros sino de cosas prácticas de lo que había que hacer en una sala de enfermería, como hacer las 34 camas que teníamos. Las sé hacer divinamente porque tuve profesoras estupendas en la escuela y he hecho un montón de camas en mi toda mi vida. Aunque algo menos que poner copas y cafés en El Rastrillo, que he puesto muchísimos cafés por las mañanas y copas por la tarde”. Sobre su educación no tenía pelos en la lengua para reconocer sus carencias y también sus virtudes; Porque hemos dado saltos de país en país toda la vida. Tan solo hemos estados dos o tres años en el mismo colegio y luego te quitaban porque mi padre decía que aprendíamos más en casa. Así que una vez llegué a un colegio y me quisieron poner en algebra y yo no sabía ni la regla de tres, claro que sigo sin saberla, en cambio en geografía o historia iba de cine, pero en matemáticas uso las cuentas de la vieja para las cuentas de casa, no es lo mío”. Así era la infanta Pilar, directa, a la pata la llana y con genio y figura hasta el final de sus día

 

¿Te ha parecido interesante?

(+1 puntos, 1 votos)

Cargando...

Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.