Ana en Groenlandia

09/01/2020

Hernando F. Calleja.

Vaya por delante que, aunque ambos seamos leoneses, no me une a Jesús Calleja lazo familiar alguno. Es más, no lo conozco personalmente. Creo que así, con este manifiesto disipo cualquier comentario malicioso de barrer para casa. Me voy a referir, como habrán adivinado, al programa Planeta Calleja en el que Ana Patricia Botín (llámame Ana) ha acompañado a Calleja a Groenlandia y ha charlado con él con un talante y una sinceridad y una desinhibición que habrán sorprendido a casi todos los que lo han visto y yo el primero.

Felicito a mi tocayo de apellido y paisano, porque no es fácil conseguir una comparecencia de esta naturaleza. Yo mismo, con la anterior generación Botín, tuve un par de encuentros directos y reconozco que, periodísticamente, fue un esfuerzo inútil. Sobre ambos encuentros apenas pude publicar una líneas, artificiosamente contadas, ya que se podía deducir que Emilio Botín me había hecho unas declaraciones, pero no podía decirlo abiertamente. A veces los pactos de exclusivas son así de sibilinos.

Tuve ocasión, con otros banqueros, de conocer sus flaquezas, sus momentos de desaliento y hasta su temor físico; momentos de debilidad o sufrimiento por las vicisitudes de su trabajo, por sus familias, por el acoso político y mediático. También alguna que otra juerga. Nunca puse nombres ni señales a ese anecdotario cuando lo relaté en algún círculo.

Que una personalidad financiera mundial se sincere en asuntos personales y profesionales como lo hizo Ana Botín y lo haga frente a una cámara de televisión, cuando un rictus, un pestañeo o un mohín pueden hundir tu imagen, tiene mucho mérito. (Para recordar, el gesto cuando confiesa que estuvo hasta los trece años en un colegio y, tras una leve pausa, añade de monjas). Creo, incluso, que en algún momento pilló a Calleja desprevenido con sus revelaciones, creando una intimidad que desbordó el carácter abierto y paisajístico del programa.

Después de tanto elogio, algún despistado que lea esto, estará esperando el consabido pero… Pues no lo esperen, no lo hay. La banquera, qué raro se hace el femenino, demostró que hay un ser humano detrás de cada persona, ocupen el lugar y el rango que ocupen. Su agenda congestionada, sus problemas de tiempo y de espacio, su formación, sus pactos de pareja, sus hijos, sus padres, sus logros, sus pérdidas, sus convicciones, sus compromisos… desfilaron sobre los hielos, los valles, los glaciares en un carrusel insólito, estimulados por unas preguntas directas, sin afectación, sin las cautelas que quizás otros, más metidos en el gremio, hubiéramos tenido.

Porque no se trataba de hablar de dividendos, de cotizaciones, de OPAS o de tipos de interés. Se trataba de conocer a una de las personalidades de mayor proyección internacional con que contamos en nuestro país y a fuer de ser sinceros creo que Botín y Calleja lo consiguieron. Enhorabuena, gracias y… un poco de envidia.

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