Es el cuarto día consecutivo en el que el Dow Jones sube o baja más de 400 puntos, cuando ya es excepcional un movimiento de más de 100 puntos en el índice de los megavalores americanos.
Estos números hablan por sí mismos de la excepcionalidad de la situación que estamos viviendo. Cuando los mercados se derrumbaron tras la quiebra de Lehman Brothers reinaba el desconcierto, en este derrumbe lo que reina es la volatilidad. Tan fácil es bajar un 5% como parece asequible una subida del 5%. Y nos quedamos tan tranquilos.
Pero hasta en este tipo de situaciones extremas conviene mirar algunas cosas para intentar orientarnos. Cuentan que todo este derrumbe viene derivado del temor a una nueva recesión. Dos datos. Uno; las cabezas pensantes consideran que hay un 20% de posiblidades de que Estados Unidos vuelva a la recesión. Dos: La UE considera que en la Eurozona las cosas irán a final de año incluso mejor de lo previsto hasta ahora.
¿De locos, verdad? Un 20% no parece tampoco una probabilidad tan cercana como para causar esta hecatombe. Sobre lo del dato europeo, ya saben lo que he dicho alguna vez. La estadística europea tiende al pesimismo y la americana al optimismo por lo que ni era tan negro para Europa como pintaban a principios de año ni tan bonito para Estados Unidos. Seguramente, ahí radica algunas de las raíces del problema.
Pero hay algunas cositas más. Las peticiones de desempleo siguen bajando en Estados Unidos lo que debe suponer que el mercado laboral no va a peor.
Tengo para mí por cierto que el gran error de Bernanke fue lanzar las campanas al vuelo al primer síntoma de optimismo respecto al mercado laboral porque luego tuvo que replegar velas a toda velocidad. Ahora, en cambio, no habla del mercado de trabajo y de su mejoría pero es un factor fundamental en su terquedad de no implantar nuevas medidas de estímulo.
Si el empleo mejora, repuntará el consumo y la economía estadounidense mejorará sus fundamentales. Si a ello se une un programa serio de reducción del déficit (espero que lo sea), las posibilidades de una nueva recesión en Estados Unidos serán muy inferiores al 20% anteriormente referido.
¿Entonces por qué está pasando lo que está pasando? Creo firmemente que por una confluencia de intereses realmente curiosa. Hay gente que ha ganado mucho dinero desde marzo de 2009 e incluso desde julio de 2010 y ha decidido hacer caja al primer síntoma de problemas. Hay gente que ha jugado a la baja tras las apocalípticas lecturas de los informes de las agencias de rating. Hay gente que ha amasado ingentes fortunas en oro y que necesita precios altos para deshacer sus posiciones. Nada mejor para el oro que un poco de pánico en las Bolsas. Llegan al oro los pardillos, salen del oro los de siempre y ya está todo preparado para lo que suele pasar: que el tonto se queda con los dedos pillados y el listo ha colocado las plusvalías en acciones que estaban baratísimas tras las caídas de la Bolsa.
Creo sinceramente que el mercado recuperará el pulso, pero no sé ni cuanto tiempo va a requerir para ello ni cuanto más abajo tiene que caer para que comience de verdad una reacción. De momento, cosas como las de hoy son simples rebotillos, pero les recuerdo que tras el crash de 1987 el mercado precisó sólo de 50 días para recuperarse, así que podríamos pensar en que tampoco tenemos tan lejos el horizonte.
Eso sí, de momemto la única opción es la liquidez. El mercado está desquiciado y tratar de ganar en él unos euros ahora mismo requiere de un pulso firme para operar en el intradiario o mejor ver los toros desde la barrera.
Nadie nos puede asegurar que la euforia de hoy no sean lágrimas mañana, pero dejaremos constancia de las subidas de hoy. El Dow Jones ha avanzado un 3,95%, el S&P 500 un 4,63% y el Nasdaq Composite un 4,69%. Para quien quiera dar rienda suelta a su optimismo, por cada valor que bajó hoy, subieron 12. No está mal pero recuerden que hace dos semanas que lo habitual es que suceda exactamente al revés.