Finalmente se ha firmado el acuerdo comercial de primera fase en Washington, meses después de que Trump y el viceprimer ministro chino Liu He se dieran simbólicamente la mano.
Los puntos principales de ese acuerdo que supone un alto el fuego en la guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo se centran en el comercio bilateral. Algunos aranceles a importaciones de China se reducirán, pero la mayoría se mantendrá, incluido el 25% sobre 250.000 millones de dólares de importaciones chinas. El 15% sobre otros 120.000 millones se reducirá al 7,5%, y alrededor de una cuarta parte de las importaciones chinas, principalmente electrónica de consumo y juguetes, seguirá libre de aranceles.
Antes China anunció una reducción de algunos aranceles a importaciones de EEUU y se ha comprometido a importar los próximos dos años 200.000 millones de dólares más que en 2017, antes de que las tensiones entre los dos países se intensificaran: 78.000 millones en productos de fabricación (automóviles y aviones), 52.000 millones en productos energéticos, 38.000 millones en servicios, y 32.000 millones en productos agrícolas.
El acuerdo también contiene un intento de mejorar el diálogo con un «Acuerdo bilateral de evaluación y resolución de controversias», incluyendo un «grupo comercial marco » y una «reunión macroeconómica» bilateral. Además simbólicamente, China ha sido eliminada de la lista de «manipuladores de divisas» del Departamento del Tesoro de EEUU.
Preocupaciones electorales
Pero Thomas Costerg, Dong Chen y Luc Luyet, economistas de Pictet WM, avisan que el acuerdo es «frágil» y que «puede desmoronarse tras las elecciones en EEUU», que se celebrarán en noviembre de 2020.
«Hay que tener en cuenta que en su mayoría viene impulsado por preocupaciones electorales. Efectivamente, los asesores más pro-negocios de Trump, incluyendo el Secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, parecen haber ganado ventaja en la Casa Blanca a corto plazo», opinan estos expertos.
«Pero el mantenimiento de la mayoría de aranceles a las importaciones chinas es una señal para «Cinturón Oxidado” industrial del Noreste estadounidense respecto a que Trump sigue fiel a su promesa de campaña de 2016 de ser duro con China», añaden.
«Además, en caso de que un demócrata gane las elecciones presidenciales en noviembre, no creemos que haya un gran giro respecto a aranceles, pues parece haber consenso bipartidista respecto a ser duros con China», subrayan los economistas de Pictet WM.
Además, respecto al compromiso de China de comprar nuevas cantidades considerables de productos estadounidenses, empezando por los agrícolas, incluso Trump ha señalado que los agricultores de EEUU temen no poder producir lo suficiente. Y el presidente les ha respondido con su inconfundible estilo: «comprad tractores más grandes». «Así que objetivos de importación para dos años de 200.000 millones parecen poco realistas», advierten estos expertos del grupo suizo.
La batalla de la propiedad intelectual
«Nuestro escepticismo también se deriva de la decisión de dejar cuestiones más complicadas, incluyendo temas sensibles como propiedad intelectual de las empresas estadounidenses, acceso a los mercados y subvenciones públicas a empresas chinas (incluidas las estatales), así como acceso de las tecnológicas chinas a mercados y proveedores estadounidenses, para un acuerdo de fase dos», señalan Thomas Costerg, Dong Chen y Luc Luyet.
«La propiedad intelectual es una condición previa, según funcionarios del gobierno de EEUU, para la eliminación de los aranceles existentes. Pero se trata de cuestiones de muy complejas, respecto a lo que EEUU y China parecen en desacuerdo incluso respecto al punto de partida», argumentan estos expertos, que precisan que «lo que EEUU considera ‘robo’ de propiedad intelectual es visto por China como ‘transferencia voluntaria'».
«El caso es que la guerra comercial ha infligido daño significativo a la economía china el último año, con impacto directo en sus exportaciones e indirecto en caída de inversión empresarial, posiblemente afectando al sentimiento de los consumidores», apuntan los expertos de Pictet WM.
Positivo para la economía china a corto plazo
«De todas formas, el acuerdo de primera fase, a pesar de que supone una reducción de aranceles bastante modesta, es claramente positivo para la economía china a corto plazo. Mientras se mantenga es probable que el comercio chino mejore en 2020», pronostican los economistas del grupo suizo.
«El tipo arancelario efectivo de EEUU (el pagado dividido por la cantidad total de importaciones) a productos chinos no es tan alto. Fue el 12,1 % en octubre de 2019, ligeramente por debajo del máximo de 12,6 % de septiembre. Como algunos aranceles se revertirán, mientras no se impongan aranceles adicionales, es probable que el daño directo a las exportaciones chinas disminuya en 2020», argumentan.
«Además el acuerdo de fase uno, incluida la eliminación de etiqueta de «manipulador de divisas», favorece al renminbi chino, que, a pesar de los controles de capital, se había visto recientemente impulsado por el mercado, sin que haya habido señales de intervenciones del Banco Popular de China», añaden. «A diferencia de lo que hizo entre agosto y octubre de 2019, no parece haber utilizado el tipo de cambio como ajuste anticíclico de manera significativa», precisan.
Así que una recuperación leve de la economía china este primer semestre de 2020 puede fortalecer más al renminbi. «Después de todo, el índice CFETS RMB (China Foreign Exchange Trade System) que valora la moneda china frente a una cesta de trece divisas está muy lejos de ser extremo y China se ha comprometido a mantener el tipo de cambio ‘estable a nivel razonable y equilibrado’, permitiendo la volatilidad bidireccional del mercado», argumentan estos expertos.
«Ahora bien, a más largo plazo el sentimiento respecto al renminbi dependerá de las perspectivas económicas, tipos de interés y ulteriores negociaciones comerciales, por lo que una apreciación sostenida parece improbable», matizan.
«En cualquier caso el impacto indirecto de la guerra comercial en las cadenas de inversión y suministro muy probablemente seguirá pesando en el crecimiento chino. De hecho la reubicación de cadenas de suministro fuera de China, tendencia que comenzó hace unos años, se ha acelerado desde que las tensiones comerciales se intensificaron y probablemente continúe a medio plazo», concluye el análisis de Thomas Costerg, Dong Chen y Luc Luyet, economistas de Pictet WM,
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