La verdad no existe, luego todo vale

24/01/2020

Miguel Ángel Valero. "Despedirse de la verdad" implica también decir adiós a "la confianza en la palabra", renunciar a la "posibilidad de rebelarse contra la mentira", al pensamiento crítico, y en definitiva, al "ejercicio de una política democrática", afirma Joan García del Muro Solans gana con "Good bye, verdad. Una aproximación a la posverdad", el Premio de Ensayo Josep Vallverdú.

Joan García del Muro Solans (Lleida, 1961), catedrático de Filosofía en la Universidad Ramón Llull, logró el Premio de Ensayo Joan Vallverdú con «Good bye, verdad. Una aproximación a la posverdad», editada por Milenio. Sus 254 páginas son canela fina, sobre todo por las implicaciones prácticas de sus reflexiones sobre la desaparición del concepto de verdad «como adecuación entre el discurso y los hechos reaeles».

El planteamiento es sencillo:; si la verdad no existe, todo vale. «Los argumentos racionales, el método científico, o simplemente la lógica de los hechos constatables no tienen nada que hacer contra la convicción emocional, contra la seducción de una historia bien construida. Nada que hacer contra aquellos que estamos dispuestos a dejarnos engañar, gustosamente, por el mejor postor, por aquel que nos ofrezca aquello que deseamos oir«.

Verdad es ahora lo que «quiero que sea verdad», se ha desvinculado de los hechos reales, que ya no juegan papel alguno en la determinación sobre lo verdadero o no de un discurso o de una actuación. «Verdad es aquello que me interesa que sea verdad»

«Despedirse de la verdad comporta despedirse, también, de la confianza en la palabra, de la posibilidad de rebelarse contra la mentira y, por ello, del pensamiento crítico y, en definitiva, del ejercicio de una política democrática», afirma el autor de obras como «Ser y conocer» o «La generación easy o de la educación en la era del vacío», entre otras.

Porque «si ya no hay verdad tampoco puede haber mentira». «Lo que antes se consideraba mentira  ahora es tan solo un punto de vista alternativo, otra perspectiva», reflexiona. «La verdad siempre es relativa y, por ello, la mentira no es tan importante».

Esto significa que «el objetivo de una investigación no es ya la búsqueda de la verdad, sino la producción de verdades útiles para determinados objetivos». Por tanto, «el criterio de verdad no son ya los hechos, sino el éxito en esta estrategia de comunicación». «Cualquier discurso puede llegar a convertirse en verdadero, solo depende de que la gente lo compre«, insiste Joan García del Muro. «La validez de un discurso no se establece en función de una supuesta verdad objetiva, sino en función de su efectividad para persuadir», añade.

En ese sentido, «aquel que ostenta el poder, ostenta también la facultad de construir la verdad». y la realidad se convierte en «una construcción del poder». «Posverdad es sinónimo de poder».

«Verdad es todo aquello que eres capaz de defender con éxito«. Escrito de otra manera, «no es tanto que el relato sea real como que lo parezca». «No es la verdad, sino la apariencia de verdad», razona.

El problema es que «la democracia es incompatible con la mentira, de ahí su fragilidad». «La democracia se fundamenta sobre el respeto escrupuloso por las opiniones de los demás, pero también sobre la información veraz, si la información que llega a los electores es falsa o está manipulada, todo el sistema se ve distorsionado en su esencia. Pervertido», argumenta Joan García del Muro.

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