De la cosa económica

25/01/2020

J.M. Miner Liceaga.

¿Y si este nuevo “invento” que tenemos por delante funcionara en el tiempo? Pues sería casi como descubrir la pólvora y acallar las voces de los más pesimistas e incluso de los pesimistas a secas. Si existe la materia y la antimateria, el sol y la luna, las luces y las sombras, los primeros planos y las panorámicas, el rojo y el azul -o el azul y el rojo para no herir susceptibilidades-, el protón y el electrón…¿por qué no puede obtenerse un resultado favorable de aquí a que pase menos de un luestro?

Al margen de los impulsos políticos, que en ocasiones marginan el sentido común, aunque todos hablen dirigiéndose a eso que denominan ciudadanía que está siempre muy por debajo de los intereses de lo partidos -al menos esa es mi impresión y opinión-, cabe considerar que, precisamente por el andamiaje que han tenido que construir y que deberán -que es obligación- seguir construyendo en el tiempo, el sentido común pude jugar un papel importante y relevante.

Parece de interés recordar que no todos los elementos que habrán de usarse para crecer en altura y a lo ancho provienen del mismo proveedor. Cada fabricante partícipe en la ejecución del edificio tiene sus pautas, sus métodos, su forma de trabajar. Unos intentarán realzar la fachada; otros la solidez de la base, algún otro intentará su propio beneficio aunque también intervenga en la mesa redonda u ovalada de las conversaciones, versus negociaciones.

Parece haberse llegado a un acuerdo inicial aunque solo haya sido el comienzo. Ha sido el arranque y, a lo mejor, incluso han metido una primera velocidad. Pero queda un largo recorrido por cubrir.

La impresión inicial es que caminan despacio como si a las suelas de los zapatos hayan adherido unos contrapesos que les hace caminar con paso y lento y son, además, antideslizantes…

Las tres primeras pruebas del juego han sido las pensiones, los funcionarios y el salario mínimo profesionalmente…¿cuántos clientes potenciales -del voto, claro- se ha anotado nuestro variopinto gobierno a cuenta del vil metal? Muchos, sin duda.

Los detractores no han tardado en pronunciarse. A la contra por supuesto… si suben los salarios los empresarios contratarán a menos gente y aumentará aun más el desempleo….El contraataque no podía ser más que inmediato….a mayor poder adquisitivo el ciudadano de a pie podrá renovar su frigorífico antes de que se le caiga a pedazos. Si se puede cambiar de lavadora con más frecuencia las fábricas seguirán produciendo y la riqueza del país irá

en aumento….

Los autónomos es otra historia aparte.

Lo de siempre, vaya. Por un economista progre que salga a la palestra aparecerá otro que vea la botella medio vacía. ¿No sería demasiado pedir que ambos se sentaran en una mesa, redonda u ovalada, e intenten buscar una fórmula que satisfaga a ambos y, de paso, salga beneficiado el ciudadano? ¡Con la política hemos topado, Sancho…!

Hasta ahora, cuando solamente se han iniciado los primeros pasos de la nueva criatura, el mensaje que parece percibirse es que se intentará caminar con paso lento, intentando cerrar los huecos políticos que permitan el logro de unos presupuestos siempre necesarios para el crecimiento. ¡Ah! Y todo ello con permiso de nuestros amigos de Bruselas que parecen vigilar, aunque con generosidad, nuestro déficit, sin el que los incrementos, de la índole que se quiera, se vean detenidos o ralentizados.

Lo dicho; de la misma suerte que algunos lo ven negro -argumentos hay para verlo así- otros aparecen con un semblante risueño al considerar que en este nuevo marco, si se guardan las formas, se rema en la misma dirección y a nadie le entra el pánico y quiere salirse de la senda fijada, la cosa económica puede funcionar, aunque sea para asombro de todos.

 

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