Al Gobierno se le acumulan los desvaríos. La oposición pide cuentas a Pedro Sánchez hasta de la dimisión del exministro de José Luis Rodríguez Zapatero, Jordi Sevilla, de la presidencia de Red Eléctrica, a la que había ascendido a mediados de 2018 por designación de Sánchez propiamente dicho. Sevilla pierde la silla y una retribución anual de medio millón de euros. Se va renunciando a la indemnización, todo un gesto del que convendría conocer la opinión de su antecesor del PP, José Folgado. Deja el cargo por diferencias (o discrepancias) con la vicepresidenta cuarta Teresa Ribera. Él tenía unos planes de expansión para REE y ella, que se ocupa del cambio climático y la agenda digital, quiere que la compañía semipública, participada por la Sepi, se dedique a lo suyo: el transporte de energía eléctrica y la conservación y mejora de la red. Para sustituirle habrá una terna, aunque los medios especializados mencionan el nombre de la consejera Maite Costa, buena amiga y mujer de confianza de Ribera.
Las chispas en REE son pecata minuta al lado del incendio venezolano provocado por las maniobras nocturnas del titular de Fomento y Turismo, José Luis Ábalos, en el aeropuerto Adolfo Suárez (Madrid-Barajas). ¿A quién se le ocurre acudir de noche a esas instalaciones a platicar con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, una “torturadora tremenda”, según la portavoz del PP y diputada por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, aunque sea para comunicarle que las sanciones de la UE al régimen de Nicolás Maduro incluyen la prohibición de pisar suelo europeo? Las lenguas de fuego del PP, Vox y C’s quieren achicharrar vivo a Ábalos, cuya capacidad didáctica es manifiestamente mejorable. La oposición reclama explicaciones claras sobre las opacas gestiones de Ábalos a bordo del avión en el que viajaba doña Delcy, exige la reprobación del ministro y secretario de organización del PSOE, propone la creación de una comisión parlamentaria de investigación sobre el asunto y anuncia que pedirá las grabaciones de las cámaras del aeropuerto la noche de autos. El suspense de la película policíaca está servido. ¿Pisó la mala el territorio español? ¿Permaneció en el avión las siete horas que duró la escala? Es tremendo. ¿Por qué el aparato llegó a la zona de vuelos privados y luego fue llevado a la zona de vuelos internacionales de la T4 de donde despegó? Tremendo.
Y todo ello horas después del homenaje oficial del Gobierno madrileño y del Ayuntamiento de Madrid (PP, C’s y Vox) al líder opositor venezolano, Juan Guaidó, con gran gentío en la Puerta del Sol, a la que se trasladó en un “papamovil” y en el que se le entregó la llave de oro de la capital, equiparándole con el Papa Benedicto, por no citar a los jefes de Estado que han recibido tal honor. Imperdonable lo de Ábalos. Imperdonable, además, lo de Sánchez de no recibir a Guaidó y encargar a la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, esa misión. Vale que Sánchez estuviera muy ocupado, comprobando la ruina y la desolación provocada por la borrasca Gloria (nunca más desacertado nombre se dio), pero hombre, a un demócrata guay como Guaidó no se le escatima una recepción en La Moncloa. Podía haber enviado al titular de Agricultura, Planas, a las huertas y arrozales destrozados, en compañía de la vicepresidenta para el cambio climático, Ribera, y cumplir con su obligación hacia el presidente paralelo de Venezuela. Tal vez así habría evitado la conspiración de Ribera contra el bueno de Jordi Sevilla.
Visto lo visto, queda clara la deriva bolivariana de Sánchez. Y lo que es peor: el lío de competencias. Un presidente que no está donde le reclaman sus obligaciones oficiales. Unos ministros que cazan brujas o se meten en jardines ajenos a sus cometidos, como ese Ábalos, que por ayudar a su colega de Interior, Fernando Grande-Marlasca, y por una cuestión de decoro empleó la escusa de que en el avión viajaba el ministro de Turismo venezolano para subir a comunicar a doña Delcy la sanción. Y quien dice decoro, dice intereses económicos (Repsol). De todo ello han de dar cuenta al Parlamento. Por lo demás, Ábalos ya demostró sus dotes persuasivas en la negociación con ERC del pacto “traidor a España”. Y eso ni se olvida ni se perdona. O como dijo Cayetana: “No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena”. Ábalos, que lo sepas.
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