Solo el 0,64% de los españoles planifica cómo desean ser tratados al final de su vida a través del testamento vital, un documento que recoge las instrucciones para informar a los profesionales sanitarios y equipos vinculados a la última etapa de la vida sobre qué cuidados y tratamientos se desean recibir en situaciones en las que uno no puede expresar su propia voluntad.
Según los últimos datos que se recogen del Registro Nacional de Instrucciones Previas del Ministerio de Sanidad Consumo y Bienestar Social, 305.290 personas han registrado de forma oficial este documento. Las personas mayores de 65 años son las más predispuestas a hacerlo (algo más de 162.000), seguido de las personas de entre 51 y 65 años (91.207). La población de entre 31 y 50 años representan casi 46.200 y las de, entre 18 y 30 años, 5.780. Los que menos se preocupan en el testamento vital son los menores de 18 años. Solo 25 personas de este rango de edad han planificado la fase final de su vida.
Por comunidades autónomas, Cataluña es la que cuenta con un mayor porcentaje de personas que lo han hecho, seguida de Andalucía, Madrid, País Vasco y Comunidad Valenciana.
La Fundación Edad&Vida ha puesto en marcha la campaña ‘Ordena y protege tu futuro’ con el objetivo de informar sobre los instrumentos que existen a disposición del ciudadano para que planifique cómo quiere vivir sus últimos años y qué quiere que ocurra cuando ya no pueda expresar sus deseos.
Para esa campaña se ha elaborado un vídeo divulgativo y una guía online junto a la Fundación Mémora y Electium, en la que se explica qué es el testamento vital, su contenido, los derechos que nos asisten y se indica cómo se elabora y se registra el documento en función de la zona de España donde se resida.
La directora general de la Fundación Edad&Vida, María José Abraham, cree que “todavía existe un desconocimiento entre la población y por eso las campañas de concienciación son imprescindibles”. “Todos tenemos derecho a decidir cómo queremos que sean los aspectos de nuestra vida respetando así la voluntad personal de cada uno hasta el final”, argumenta.
Este documento facilita que los familiares y los profesionales sanitarios conozcan y respeten las preferencias y deseos de un paciente ante situaciones clínicas en las que éste no puede expresar su voluntad. Además, la mayoría incluye la designación de un representante de la persona e, incluso, de un sustituto de ese representante, que hará las veces de interlocutor ante el médico o el equipo sanitario y velará por el cumplimiento de las instrucciones previas, siempre que la persona se encuentre en una situación que le impida expresar personalmente su voluntad.
Existen dos maneras de hacer testamento vital, a través de un notario o por medio de las Administraciones públicas, que, en este caso, es gratuita.
Decisión tras un susto
“Lo que favorece el hecho de que se realice el testamento vital es haber tenido un susto o una situación desagradable en el entorno familiar”, señala la directora general de la Fundación.
Ramón Guardia, un ciudadano catalán que, a raíz de sufrir un ictus, decidió registrar el testamento vital, explica que “había oído hablar de él, pero nunca lo había hecho y debido a este incidente no nos lo pensamos y lo hicimos tanto mi mujer como yo”.
La existencia del documento evita diferentes interpretaciones que pueden derivarse de las decisiones de los profesionales médicos y de los familiares, por lo que hace valer la posición única del signatario. “Si no pudiéramos decidir sobre qué tipo de cuidados podríamos recibir en este documento queda reflejado, por ejemplo, el no alargar el sufrimiento y evitar el dolor”, señala Guardia, que destaca que “supone una forma de facilitar las decisiones de los familiares y evitar conflictos en la toma de decisiones”.
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