El impacto de la epidemia de coronavirus puede ser un lastre. Muchas economías emergentes están estrechamente vinculadas a China, cuya demanda representa una parte considerable de sus exportaciones y es el mayor consumidor de la mayoría de materias primas. De todas formas los casos de infección parecen ralentizarse y China puede coordinar medidas monetarias, de gasto y fiscales para respaldar su debilitada economía.
Puesto que la economía mundial parece estar a merced del coronavirus, el inversor debe estudiar la posibilidad de reforzar sus defensas a corto plazo. Al respecto, tácticamente, consideramos posiciones defensivas en oro, franco suizo y deuda pública de EEUU. Aunque el oro está caro, tras haber experimentado un fuerte rally, sigue atractivo en un entorno plagado de riesgos y con bajos tipos de interés reales.
El caso es que de momento los inversores han establecido paralelismos con la epidemia SARS de 2003. Entonces se controló con rapidez y el rebote fue tan potente como las ventas masivas que lo precedieron, de manera que su repercusión en la economía mundial aquel año fue escasa. Si volviera a ocurrir se reforzaría nuestra opinión favorable respecto a mercados emergentes. De momento sabemos que este virus tiene características distintas: menor mortalidad, pero más contagio, aunque actualmente la economía china, tras quince años desde el brote SARS, supone una proporción cuatro veces mayor en la mundial.
China: unas medidas fiscales surtirían un efecto más inmediato
Así que la Reserva Federal y demás bancos centrales vigilan la situación muy de cerca. El Banco de China ya ha inyectado una dosis adicional de liquidez tras las fiestas del Año Nuevo Lunar y unas medidas fiscales producirían un efecto más inmediato. En la crisis del SARS el Gobierno chino recortó impuestos y si la cuarentena se mantiene hasta después del periodo vacacional del Año Nuevo Chino es muy posible una decisión similar. A ello se añade que es muy probable que los próximos meses se acelere el gasto en infraestructuras.
De momento prevemos un total de 1,2 billones de dólares en inyecciones monetarias de los bancos centrales en 2020 -equivalentes a alrededor de 2% del PIB mundial-, pero que el mercado descuenta estímulo mayores y puede haber decepción. Ahora bien, la respuesta de China al coronavirus puede compensar parte de ese déficit.
Neutrales en renta variable y fija
Dejando aparte la epidemia de coronavirus, las perspectivas mundiales son bastante equilibradas. Además nuestros indicadores técnicos siguen en verde, especialmente ahora que entran en juego factores estacionales positivos.
De manera que mantenemos neutralidad en renta variable, aunque hemos aumentado las ponderaciones en valores más defensivos y en renta fija pasamos de infra ponderar a neutral.
Las acciones de valor resultan más atractivas
En este estado de cosas las acciones de valor resultan más atractivas que las de crecimiento y sobre ponderamos finanzas (entre los sectores más baratos en renta variable). Pero infraponderamos consumo discrecional, que puede ser el más perjudicado por la epidemia de coronavirus -las empresas que operan en el mercado nacional chino se verán muy afectadas, pues hay ciudadanos que no pueden salir de sus hogares por la cuarentena y otros por temor a contagio-. Además, el descenso del número de turistas chinos repercutirá en el sector de lujo y hotelero de los países receptores, pues los consumidores chinos suponen un tercio del mercado mundial de bienes personales de lujo, según McKinsey.
Preferimos acciones de la euro zona a estadounidenses
Preferimos acciones de la Eurozona a estadounidenses. En EEUU la prima de riesgo de la renta variable –rentabilidad por encima de la tasa libre de riesgo– se sitúa en 5,4%, muy por debajo de 8% del mercado alemán. Su economía se ha visto afectada por los conflictos comerciales los últimos meses, pero hay motivos para el optimismo. El consumo europeo es sólido, con crecimiento de ventas minoristas más de 2% interanual e hipotecas en nuevos máximos. El sentimiento en Alemania ha mejorado y si, como esperamos, los datos lo secundan, los mercados de renta variable europea deben beneficiarse.
De todas formas no optamos por sesgo negativo en EEUU. Su ritmo de crecimiento económico puede fortalecerse -la construcción de viviendas ha repuntado gracias con los menores tipos hipotecarios y ya se aprecian primeros signos de recuperación en inversión no residencial. Además la política monetaria de la Reserva Federal sigue favorable y aunque hasta ahora la mayoría de empresas han logrado superar expectativas de resultados trimestrales –si bien es cierto que rebajadas– de los analistas, aun con menores beneficios.
Renta variable británica y japonesa
Sin embargo la renta variable estadounidense está bastante cara a diferencia de la británica y japonesa. A la británica le favorece la mayor estabilidad política y capacidad de su mercado para generar ingresos –la rentabilidad por dividendo del FTSE 100 ronda 4,7%, frente a 1,8% del S&P 500-.
Bonos de mercados emergentes con rentabilidades atractivas
Observamos sobrecompra en deuda de alta rentabilidad y vamos a seguir evitando crédito de mercados desarrollados -la curva de rentabilidades a vencimiento de EEUU parece indicar que los próximos cinco años la tasa de impago en peor calificación crediticia se va a multiplicar por dos-.
Ahora bien, determinados bonos de mercados emergentes muestran rentabilidades a vencimiento atractivas. De hecho las divisas emergentes sufren fuerte infravaloración y prevemos que el dólar se deprecie, lo que debe favorecerlas. En concreto los bonos chinos en rembinbi van a atraer capitales al incluirse en el índice JP Morgan GBI-EM este febrero y a lo largo de los próximos diez meses hasta que se llegue a un límite máximo del 10% en dicho índice.
Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM
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