Kanya demuestra que se puede emprender a los 68 años

20/02/2020

Miguel Ángel Valero. Sus bolsos, neceseres, manteles, cestas o almohadones se llaman Dessa, Leeza, Mona o Jerwin, tomando prestado su nombre de personas que trabajan en el proyecto. Detrás de cada pieza hay una historia real personal y única.

Bea Roxas, una española de origen filipino de 68 años, quería hacer un homenaje a la energía de Filipinas, la tierra donde nació, creció y donde ha vivido gran parte de su vida. El resultado es Kanya, una marca de accesorios de moda y complementos textiles made in Filipinas, que lleva al mundo de la moda materiales elaborados con el residuo de la caña de azúcar. «Estilo sostenible con impacto social», en resumen.

Los accesorios y complementos representan una vuelta a las raíces, a lo que la tierra ofrece. Es también un canto a las cosas sencillas de la vida.

“Kanya es un homenaje al trabajo que se hace con las manos, a los materiales básicos. Es devolver a la tierra lo que esta nos da. Extraemos la materia prima con la que creamos nuestros accesorios directamente de la naturaleza, dando una nueva vida al residuo de la caña de azúcar, a través de un proceso manual y artesanal”, explica Bea Roxas.

Kanya ha dado forma a su colección Spring/Summer 2020 de bolsos y complementos para el hogar, creados 100% a mano, y que respiran un estilo elegante, delicado y minimalista, perfectos para conseguir un toque natural y sostenible.

Esta colección, además, está formada por complementos con nombre propio. Y es que sus bolsos, neceseres, manteles, cestas o almohadones (Dessa, Leeza, Mona o Jerwin, entre otros) toman prestado su nombre de personas que trabajan para Kanya y que se han beneficiado del proyecto. Detrás de cada pieza hay una historia real personal y única.

Son diseños conscientes, delicados y minimalistas que no solamente innovan por la materia prima empleada, sino que lo hacen a través de un proceso totalmente artesanal, que minimiza el impacto medioambiental para dar lugar a una fibra textil vegana y ecológica.

Más allá de la protección medioambiental, este proyecto ve la luz como una forma de sostenibilidad social. Kanya amplía los usos de la caña de azúcar para impulsar el desarrollo económico y el empleo en Batangas, al sur de la isla de Luzón. Allí reside una comunidad campesina dedicada al cultivo temporero (seis meses al año) de la caña de azúcar. Gracias a esta iniciativa, más de 40 personas pueden vivir de esta materia prima el resto del año, más allá de los meses de cultivo, con nuevos oficios y generando ingresos sostenibles y de calidad para ellos y sus familias.

Tejidos del bagazo

Buscando nuevas formas de ayudar a estas comunidades dependientes de la caña de azúcar, Kanya inició un proceso de investigación con la ayuda del Philippine Textile Research Institute, entre otras instituciones, para experimentar y testar la viabilidad del desarrollo de un tejido a partir del bagazo (residuo) de la caña de azúcar.

Gracias a un capital inicial de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAid) el proyecto pudo materializarse en 2018, a través de la construcción de un centro de trabajo cercano a los campos de caña de azúcar en Batangas. Allí, los campesinos y sus familiares se convierten en artesanos, recuperando no sólo el valor integral de la caña de azúcar, sino el legado de artes y oficios de una tierra creativa y trabajadora.

Kanya destina el 100% de sus ventas a generar enriquecimiento en esta comunidad, a través de la compra de materia prima a campesinos de la zona, formación y creación de empleo para las decenas de personal y artesanos contratados que intervienen en el proceso de elaboración de los complementos de la marca.

La producción global de caña de azúcar deja atrás millones de toneladas de bagazo cada año, un residuo natural cuya quema supone una importante contribución a la emisión de monóxido de carbono en la atmósfera. Kanya ha encontrado un uso alternativo para estos residuos, dando lugar a este peculiar tejido natural.

El proceso desarrollado por la marca, totalmente artesanal, ha conseguido obtener una fibra natural, robusta y duradera, de máxima calidad, hasta ahora pionera en el mundo textil. Además, el bagazo no solo es reciclable, sino 100% compostable y biodegradable. Una forma de volver a comenzar el ciclo y devolver a la tierra lo que ella nos ha dado previamente.

Un proceso de producción innovador y artesanal que mezcla, de forma pionera, residuo de caña de azúcar con algodón y abacá creando un tejido respetuoso con el medio ambiente.

Este proyecto amplía los usos de la caña como materia prima, mantiene viva la artesanía tradicional e impulsa el desarrollo económico de la comunidad campesina de Batangas. Y demuestra que el emprendimiento no tiene edad.

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