Había banderas de todo tipo y se gritaban lemas diversos. Las calles del centro de Madrid parecían un carnaval considerando el prisma de colores, de consignas y de ideologías. De un lado, los peregrinos. Del otro, los laicos. Todos fueron a encontrarse en Sol y allí escenificaron su particular y escasamente agresivo juego de provocaciones.
El reloj no marcaba aún las ocho de la tarde cuando una enorme masa de gente se iba desplazando desde Tirso de Molina, punto de partida de la manifestación laica, en dirección hacia la Puerta del Sol. Ambiente festivo, pancartas y lemas de lo más variopinto: “Papa okupa, roba bolsillos; Papa nazi; Follo y con condón; Papa, fariseo roba impuestos; Hemos venido pagando el bonobús; Estado Laico; Menos religión y más educación; Beatifiquemos a Leo Bassi”. En las proximidades de la calle Atocha con Carretas un grupo de peregrinos se ha puesto a rezar de rodillas en el suelo, crucifijo de madera en mano. Son ajenos a lo que sucede a su alrededor, se diría están en éxtasis. Los laicos pasan a su lado, algunos les increpan, otros se ríen, la mayoría les ignoran: “Me da igual que se pongan a rezar aquí pero preferiría que lo hicieran en su casa”, comenta un chico que porta una bandera del orgullo gay.
Uno pudiera pensar que sólo había jóvenes en la manifestación anti Papa convocada ayer en las calles de Madrid, pero no era el caso. Aunque los jóvenes eran mayoría también se manifestaban en contra de la inversión de dinero público en las JMJ, treinteañeros, cuarentones y muchas personas mayores. “Yo he estado toda la vida esperando poder manifestarme contra esto, y tengo 70 años, fíjate. Esto no es cosa de jóvenes”, comenta Pepe, uno de los asistentes.
Bajar por la calle Carretas hasta Sol era misión casi imposible: el baile de cifras habitual impide saber a ciencia cierta cuántas personas se concentraron en la almendra de la capital. Unos dicen 2.000, otros hablan de muchos más. “No sé cuánta gente puede haber, estaba previsto para 5.000 personas pero creo que hay muchas más”, comenta un Policía Nacional.
En Sol fueron a encontrarse el abarrotado y variopinto grupo de los laicos con peregrinos de todas nacionalidades. En una misma acera unos gritaban “Benedicto, Benedicto” mientras que otros respondían “Fuera, fuera”. Unos y otros jugaban a provocarse, como en el juego del ratón y el gato. Pero la cosa no iba a mayores. Paradójicamente, a ambos colectivos, laicos y católicos, les parecía una demostración de intolerancia lo que el de enfrente hacía. “Yo creo que hay muchos más días al año para manifestarse en contra del Papa, no es el momento. Es venir a provocar, me parecen unos intolerantes”, cuenta Elena García, peregrina de 26 años mientras sus amigas coreaban en alto “Esta es la juventud del Papa”. “Nos da pena lo que sucede porque esto es una fiesta en la que se han reunido muchas nacionalidades, la manifestación es una agresión”, relataba un cura francés.
En algunos momentos creció la tensión y se escucharon gritos y silbidos. De hecho, cuando ya estaba prácticamente acabada la manifestación, en torno a las 22 horas, hubo pequeños disturbios y cargas policiales. Poca cosa. Unos y otros se fueron marchando, las Fuerzas de Seguridad también plegaron velas. La Puerta del Sol volvía a la normalidad tras haber sido escenario de una feria.
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