El show debe continuar

28/02/2020

Hernando F. Calleja.

Me quedé estupefacto, palabra. Se votaba en el Congreso esa cosa semiesotérica del techo de gasto, de cuya explicación hago gracia a mis posibles lectores. Es un trámite menor y de validez relativa, porque luego se puede alterar al antojo del Gobierno con todos los trampantojos que contienen los presupuestos generales del Estado que, como dijo Carlos Solchaga un día de aquellos en los que estaba sembrado, tienen más trampas que una película de chinos. (Supongo que en Tafalla habría algún cine en que proyectaran aquellas desopilantes películas de Fu Manchú, con Boris Karloff).

A lo que iba, que la divagación me pierde. Se aprueba el techo de gasto y los diputados del montón gubernamental y algunos añadidos a buen precio estallan en una ovación cerrada, entusiasta, volcánica, hooliganesca, levantando brazos y algún puño y con una enfebrecida ministra de Hacienda dirigiendo el coro de palmeros.  Cualquiera diría que acababan de reconquistar Perejil  o mejor Gibraltar (seamos prácticos).

Empiezo a pensar que el efecto de los programas de televisión, inexplicablemente llamados realities han sido aislados en laboratorio y posteriormente inoculados a esta insufrible generación política, capaz de reaccionar con lágrimillas a casi cualquier terneza, con abrazos y besos a las farolas de la Carrera de San Jerónimo, por sacar presos a la calle y con aplausos a cualquier vaciedad de las que antes reíamos en el bar y ahora se jalean en el hemiciclo.

El asunto es que ante la épica del triunfo parlamentario han palidecido los problemas de los agricultores (quién los ve, vaciando camiones con productos marroquíes, ¿recuerdan?); se han difuminado las penalidades de muchas industrias ante la carencia de suministros; se ha olvidado por completo la morosidad insólita del Estado con las comunidades autónomas; se niegan las oscuridades, en sentido estricto, del idilio de Barajas… Tenemos techo de gasto, una gesta histórica y lo demás son grupos de quejicas que no comprenden los momentos estelares de la Historia por los que estamos atravesando.

Mientras, en la otra parte, el que escupe titos de aceituna más lejos que nadie en el mundo va quitando y poniendo personas en las listas de su partido en los próximos comicios regionales sin otro baremo de idoneidad que si fueros sorayistas, cospedalistas o casadistas en el último congreso. Y rodean estas heroicas decisiones de despacho de una parafernalia propia de un anuncio de habemus papam.Y Ciudadanos, jugando a las arrimadas con el primero que se deje. El humillo blanco que trajeron a la política se ha expandido hasta desaparecer.

El show debe continuar. Nos moriremos de la risa, pero moriremos.

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