El miedo

01/03/2020

Josep M. Orta.

De vez en cuando surgen elementos imprevisibles que cobran un gran protagonismo y desequilibran el orden mundial. En estos momentos el gran protagonista es el coronavirus y pese al cansancio que ya produce el tema, la inquietud que provoca es evidente, especialmente por la multitud de mensajes preventivos y no siempre coincidentes.

Mientras van apareciendo nuevos casos las autoridades no cesan en sus llamamientos a evitar el alarmismo. Son de agradecer pero uno tiene la sensación de que bien no tienen ni idea de lo que está pasando o nos están ocultando información.

Mientras reclaman que la población se mantenga en calma van suspendiendo acontecimientos multitudinarios para evitar la propagación del virus o manteniendo otros. Mientras las medidas preventivas que proponen son contradictorios como es la utilidad de usar mascarillas, cuestionada por algunos, alabada por otros

El miedo es libre, sobretodo cuando la sociedad se enfrenta ante un enemigo desconocido. En China, a destiempo, confinaron a millones de ciudadanos en una determinada región, pero el virus continuó extendiéndose. En el mundo global la gente se mueve y las posibilidades de contagio se multiplican. Ya es una plaga mundial y parece claro que no se puede confinar a todo el planeta. Las repercusiones en todos los campos, empezando por la economía, son difícilmente cuantificables.

La pregunta es si realmente los expertos saben de qué va la película y como se combate, si es posible decir la verdad o ello puede provocar más víctimas que el mismo virus-Si realmente el virus es más benigno que la gripe como algunos dicen ¿a que viene tanta alarma?. La incógnita es si no lo es y se trata de una nueva plaga mundial con efectos desconocidos y si es razonable esconder la realidad en aras a un bien mayor (el que no cunda el pánico).

Son preguntas difíciles de responder pero la reacción social propicia situaciones xenófobas en algunos sectores. Los comercios chinos se vieron inicialmente apestados y en los transportes públicos había quien se apartaba de los ciudadanos asiáticos. Curiosamente esto no pasa con los ciudadanos de otras comunidades.

De momento, como en el mundo económico, es muy difícil prever lo que va a pasar pero cuando el problema se haya superado serán muchos los analistas que explicarán las causas que han originado esta epidemia y sus consecuencias con todo detalle. Eso sí, a pelota pasada. Mientras uno se siente, como en tantas otras cosas, un indefenso conejillo de indias.

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