Yo creo en la presunción de inocencia (cosa que no sucede en muchas personas en este país) y me gustaría que el rey emérito tuviera la oportunidad de defenderse de las acusaciones que destapó la Tribune de Geneve (en España recogió la noticia Eldiario.es) y que ha interesado a la justicia suiza mientras que una de las afectadas, Corinna Sayn-Wittgesntein, pretende querellarse con los servicios secretos españoles ante los tribunales británicos.
Las referencias en los medios considerados “serios” tanto de Europa como de Estados Unidos la tenido un amplio protagonismo que contrasta escandalosamente con el sigiloso tratamiento de la prensa impresa española. Mientras las dos principales formaciones políticas españolas se han cerrado en banda en permitir que se constituya en el Congreso una comisión de investigación apelando a la inviolabilidad que reconoce la Constitución al monarca español.
Por una parte Las acusaciones de aceptar millonarias dádivas, tener cuentas en paraísos fiscales, utilizar los servicios secretos para hacer callar a determinadas personas son lo suficientemente graves para que se haga la luz en este asunto y posibilitar a don Juan Carlos la oportunidad de defenderse.
Por otra, el mal ya está hecho y la imagen de España, por mucho que desde el ministerio de Asuntos Exteriores invierta grandes cantidades para demostrar que el país es una democracia moderna, está más que deteriorada y que sean los tribunales de justicia suizos o británicos los que tengan que juzgar al rey emérito dice muy poco de nuestro sistema.
Claro que no sólo la imagen del que fue jefe del Estado queda maltrecha, si no también los aparatos del Estado, desde los servicios de inteligencia hasta la propia justicia, cuyo protagonismo en la cúpula de la magistratura ha sido reiteradamente desautorizada por los tribunales europeos.
Como en los viejos tiempos tenemos que recurrir a la prensa extranjera para enterarnos de lo que pasa en nuestro país. Es cierto que de momento no secuestran periódicos como antaño y que las redes sociales suplen las informaciones que no vemos en los diarios de papel. Además es muy posible que a los poderes tácticos les importe muy poco lo que se diga de España, pero quizás a muchos españoles sí que les interesaría saber como se invierten los impuestos que pagan e incluso les gustaría que las instituciones españolas funcionaran como servicio público y no en función de determinados intereses corporativos.
Y ante los silencios cómplices invitan a pensar que lo que ha desvelado la prensa suiza no sólo puede haber algo de verdad si no que además quizás sólo sea la punta de un iceberg mucho mayor.
Aunque son muchos los que piensan que aquí no pasará nada.
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