China puede ser el epicentro del virus, pero el número de países afectados aumenta cada día. Ciudades, e incluso regiones, están siendo puestas en cuarentena en un intento de limitar la propagación de la enfermedad. La consiguiente desaceleración, y a veces parálisis, en un período de tiempo relativamente corto puede someter a las empresas a una grave presión. El sector de los servicios, por ejemplo, puede que no recupere necesariamente los ingresos perdidos cuando la crisis haya terminado. Y es muy poco probable que la gente en Italia y China vuelva por ejemplo a los restaurantes una vez que termine el período de cuarentena. Las finanzas de los fabricantes más vulnerables podrían verse afectadas por las necesidades de capital humano. El envío de componentes desde China se ha interrumpido, dejando a las empresas incapaces de entregar mercancías a los consumidores; sin embargo, tendrán que seguir pagando los salarios y reembolsando los préstamos. Al igual que la mariposa que agita sus alas y que puede desencadenar un huracán en cualquier otra parte del mundo, parte del valor añadido de las empresas europeas depende de los proveedores y clientes chinos en las zonas donde la actividad se ha ralentizado considerablemente.
Evitar el efecto bola de nieve
Con este escenario, la reacción de Alibaba nos parece ejemplar. El gigante del comercio electrónico de China ha introducido una serie de medidas para las pequeñas y medianas empresas, entre las que se incluyen la eliminación de comisiones sobre las ventas durante 2 meses, la exención de los gastos de almacenamiento y las líneas de crédito sin intereses, todo ello para los comerciantes de las regiones afectadas con un historial de transacciones consolidado. Alibaba también ha introducido el acceso gratuito a programas informáticos esenciales de gestión del trabajo a distancia. La respuesta combina la solidaridad con la eficiencia económica -el apoyo a los comerciantes de Alibaba refuerza su ecosistema- y podría inspirar a las empresas en occidente a seguir su ejemplo. Estas medidas podrían contribuir a fomentar la confianza entre los agentes económicos y evitar cualquier efecto de “bola de nieve”. Después de todo, las empresas que vayan mal pueden arrastras a los proveedores y a los clientes con ellos.
Jacques-Aurélien Marcireau, co-director de renta variable en Edmond de Rothschild Asset Management
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