Volveremos a las calles

17/03/2020

Carmela Díaz.

Antes de lo que imaginamos estaremos sonriendo, bailando, gritando, paseando, abrazándonos y besándonos de nuevo. Y lo haremos con más intensidad que nunca: porque vamos a valorar cada pequeño gesto -hermosos todos ellos, pero relegados a la indiferencia por la cotidianidad- como si fuese nuestro anhelo más preciado.

Disfrutaremos de manera especial el primer sorbo de una Cruzcampo, una Mahou o una Alhambra bien fría; una sobremesa interminable a orillas de nuestro Mediterráneo; el reencuentro en una terraza de barrio, el chupito de Pacharán; la tapita de jamón inesperada que llega con una copa de Rioja -o de Ribera-; el aroma matutino a café recién hecho en la barra del bar; el descorche de una sidra asturiana o de un cava extremeño, valenciano o catalán; un pincho de tortilla aún humeante; el sol acariciando el rostro en un banco cualquiera del Retiro; el florecer del valle del Jerte o pelar gambitas de Huelva. ¡Todo nos va a resultar un auténtico regalo de la vida! Una vez repudiados los miedos e incertidumbres -que los dejaremos atrás-, en cuanto superemos virus y pandemias -que se vencerán-, tenemos la obligación de concedernos otra oportunidad: un renovado comienzo para nuestros sueños, deseos, metas y, sobre todo, un agradecimiento con lo que somos y lo que tenemos. Nada habrá que perder -ya se está perdiendo bastante estos días-, pero hay mucho por ganar.

Cuando volvamos a las calles, dejaremos de lado la toxicidad, las ideas preconcebidas, los juicios paralelos, el pensamiento único y los pareceres inflexibles -impuestos por el entorno-. Queda prohibido reprimir tus verdaderos deseos mientras se superan frustraciones y pesares por no haber seguido el camino que te dictaba tu corazón, sino el que te habían marcado, el políticamente correcto. Ahora tienes, tenemos, otros retos. Atrévete a ser tú mismo, a dejar fluir la espontaneidad, a desafiar esos estándares sociales que no tienen razón de ser, a reír o llorar cuando te venga en gana y no olvides valorar a las personas por lo que son.

Ahora que el tiempo parece haberse detenido, estás saboreando con intensidad el valor de los momentos. Con sensibilidad, con las emociones desbordadas. Intenta no decaer porque la conquista del futuro está vinculada al compromiso de superación, a levantarse fortalecido, a perseverar y a conservar la rebeldía de querer cambiar las cosas: sin importar cuál sea tu edad. Cuando intuyas que algo va a ser inolvidable, ve en su busca, atrápalo y déjate llevar. Lucha por tu libertad personal, tus valores y lo que de verdad te importa.

No hay que perder la esperanza ni desfallecer ni rendirse. Cuando el drama aprieta hay que combatir sin tregua para alcanzar la felicidad tal y como cada cual la concibe. Es imprescindible potenciar la amplitud de miras, creer en lo que está por venir, en la infinita capacidad del ser humano, en la solidaridad manifiesta. Es nuestra obligación moral levantarnos más fuertes para honrar la actitud y ejemplaridad de cuantos están velando por nosotros durante el caos. Entre todos, vamos a poner en marcha un nuevo comienzo a la altura de lo que los españoles nos merecemos. En un suspiro nos vemos en las calles. ¡Y en los bares!

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