«El BCE hará todo lo necesario para cumplir su mandato» se parece mucho a aquella frase de Mario Draghi que hizo que se le rebautizara como SuperMario: «Haré lo que haga falta para salvar al euro». Entre la frase del italiano y la de la francesa Christine Lagarde median 8 años, los que van de la crisis financiera internacional a la pandemia del siglo XXI, de las subprime al Covid-19.
No son simples frases. Porque el Banco Central Europeo (BCE) ha anunciado, tras una reunión extraordinaria y por videconferencia de su Consejo de Gobierno, un Programa de Compras de Emergencia para Pandemias por unj importe de 750.000 millones de euros.
Este nuevo programa de compra de bonos se llevarán a cabo hasta finales de 2020 e incluirán todas las categorías de activos elegibles. El objetivo del BCE es evitar que se expanda el virus a la deuda soberana de los países más vulnerables.
Ya avisó el BCE que iba a actuar «con contundencia» si había tensiones en las primas de riesgo. Y lo ha hecho. Si cuando Mario Draghi puso en marcha el programa de compra de activos para evitar el desplome del euro en 2015, el BCE solamente podía comprar deuda en función del peso de cada país de la UE, su sucesora, Christine Lagarde logra la máxima flexibilidad, sin límites de activos y de países. «Esto permite que haya fluctuaciones en la distribución de los flujos de compra a lo largo del tiempo, entre clases de activos y entre jurisdicciones», explica el BCE.
Además, el BCE abre la puerta a revisar su propio mandato: «En la medida en que algunos límites autoimpuestos puedan obstaculizar las medidas que el BCE debe adoptar para cumplir su mandato, el Consejo de Gobierno considerará la posibilidad de revisarlos en la medida necesaria para que su actuación sea proporcional a los riesgos a los que nos enfrentamos. El BCE no tolerará ningún riesgo para la buena transmisión de su política monetaria en todas las jurisdicciones de la zona del euro», remarca el comunicado de la entidad.
El BCE «pondrá fin a las compras de activos netos una vez que juzgue que la fase de crisis del coronavirus Covid-19 ha terminado, pero en cualquier caso no antes de finales de año», lo que significa que puede prolongarlas a 2021 si así lo considera conveniente.
«El Consejo de Gobierno del BCE está comprometido a jugar su papel para apoyar a todos los ciudadanos de la zona euro», sentencia el comunicado. El BCE se compromete a que todos los sectores de la economía, desde las familias a las empresas pasando por los Gobiernos, se beneficien de estas compras de activos para mitigar el impacto de la pandemia.
El BCE además ha anunciado que ha ampliado su programa de compras de deuda corporativa a pagarés de entidades no financieras y ha flexibilizado el tipo de colateral con el que los bancos pueden acudir a la subastas de liquidez que organice el banco central.
Lagarde rectifica: los 120.000 millones de euros de compra de activos anunciados el 12 de marzo, y que tanto decepcionaron al mercado, se convierten en 750.000 millones. Y el BCE se pone a la altura de la Reserva Federal, que el domingo 15 de marzo anunciaba un programa de compras por 700.000 millones de dólares (unos 630.000 millones de euros).
Mensaje a los ‘halcones’
La decisión del BCE es también un golpe de autoridad de Lagarde, que el 18 de marzo por la mañana se desayunaba unas declaraciones del gobernador del Banco de Austria y miembro del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, Robert Holzmann, en las que afirmaba que la institución comunitaria ya había usado la mayoría de sus instrumentos y que iba a defraudar al mercado.
Un inusual comunicado del BCE desmentía a uno de sus principales ‘halcones’, cuyas palabras dispararon las primas de riesgo de las deudas soberanas (en el caso de España, la diferencia llegó a situarse en algún momento en los 170 puntos básicos): «El Consejo de Gobierno fue unánime en su análisis en cuanto a que, ademásde las medidas adoptadas el 12 de marzo de2020, el BCE seguirá vigilando de cerca las consecuencias para la economía derivadas de la propagación del coronavirus. Asimismo, el BCE está preparado para ajustar todas sus medidas de la forma adecuada,si fuese necesario para salvaguardar las condiciones de liquidez en el sistema bancario y para asegurar la transmisión fluida de su política monetaria en todas las jurisdicciones».
Luego, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, hablaba en RNE de la posibilidad de usar «la capacidad de fuego» del MEDE, el fondo de rescate europeo, dotado con 410.000 millones de euros.
Pero Lagarde sacó adelante en el BCE su particular órdago contra la pandemia: 750.000 millones.
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