Siempre me ha escandalizado la frivolidad con la que desde diversos medios, especialmente los audiovisuales, algunos programas se atreven no sólo a dar consejos médicos si no que incluso se permiten abrir consultorios donde los conductores del programa no tienen el más mínimo escrúpulo en diagnosticar e incluso recetar. Parecen los “remedios de la abuela” y lo hacen sin la presencia de un facultativo.
Contrasta ello con los programas, que también los hay, que cuentan con la presencia de un galeno. Curiosamente en estos aparte de dar una respuesta genérica a la pregunta la respuesta acostumbra a ser la misma: vaya a su médico de cabecera.
Hoy, casi toda la información se centra en la actual pandemia, tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales. ¡Parece mentira que haya tantos expertos en el coronavirus! Encontramos recetas para todos los gustos. Si las opiniones de los epidemiólogos no siempre son coincidentes cuando no contradictorias, hay que ver la de insensateces que personas no cualificadas, empezando por los políticos (baste recordar lo que decía Trump o Johnson semanas atrás), se están diciendo con total impunidad. Y a partir de aquí si aterrizamos a las redes sociales nos encontramos con propuestas desde remedios caseros hasta soluciones milagrosas. Junto a estos “sabios” que aportan soluciones a todo están los otros “sabios” que hacen diagnósticos a pelota pasada. Juntar letras lo sabe hacer todo el mundo.
Todo este caos de opiniones y recetas solo contribuye a intensificar el actual estado de alarma y aumentar la confusión. Encuentro a faltar un gran ejercicio didáctico de los que toman medidas para explicar las razones para lo cual lo hacen y explicitar las bases científicas que las justifican, No basta con la palabrería hueca que nos ofrecen en las ruedas de prensa o en las reuniones entre políticos. Sólo así muchos ciudadanos tendríamos la sensación de quien conduce el barco nos está dirigiendo al puerto. Pero a veces las explicaciones que dan, sus comparaciones con la guerra o los apelativos al patrioterismo barato no son demasiado diferentes a los consejos médicos que se dan desde determinados médicos locutores o tertulianos analfabetos en el mundo de la medicina.
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