Los primeros cien días

20/04/2020

Josep M. Orta.

Estos días Pedro Sánchez cumple los primeros cien días de su nuevo gobierno.

No se puede decir que haya disfrutado de este periodo de gracia que cuando la oposición era civilizada otorgaba a los nuevos mandatarios, pero además las circunstancias han propiciado que nadie se acordara de esta efeméride.

Está muy claro que la mayoría que dio la investidura al actual presidente era la única posible con la actual configuración parlamentaria y que la alternativa no era una coalición entre socialistas y populares si no unos políticamente impresentables nuevos comicios. Sin embargo la epidemia del coronavirus ha propiciado que el nuevo ejecutivo se tuviera que poner las pilas muy pronto sin tener tiempo de saborear su victoria.

Empezó el mandato con las reuniones entre el Gobierno y los nacionalistas catalanes. Hoy de ello nadie se acuerda aunque el tema sólo esté aparcado. La irrupción del coronavirus trastocó todos los planes y sin preparación previa se vieron forzados a actuar. Como en su día le paso a Rodríguez Zapatero con la crisis económica, Pedro Sánchez no hizo caso de los epidemiólogos y menospreció la virulencia del virus. Cuando la realidad le superó -y con una oposición que le puso todos los palos a las ruedas- optó por el “aquí mando yo”, decretó el estado de alerta y encargó a un equipo ministerial de que tomara las riendas para controlar la epidemia. Las competencias en sanidad están transferidas a las comunidades autónomas que son las que gestionan el día a día y conocen los detalles de la situación, pero les quitó todas las competencias y las centralizó. Nombro un equipo de expertos médicos que le asesoraran, pero según algunos de ellos, ni les consultaba ni les hacia caso.

Los hospitales carecían del material sanitario y tuvieron que espabilarse para abastecerlos. El resultado fue claro: no sabían donde ir e ignoraron quien tenia los mecanismos para buscar mercados (como hicieron en la Comunidad Valenciana al buscar la colaboración de los empresarios Chinos de su autonomía). La chapuza ministerial para esta función no hace falta recordarla. A alguien no se le ocurrió otra cosa que incautar el material que habían comprado al margen del poder central.

La batalla para el discurso tampoco ha convencido a muchos ciudadanos. Mientras en muchas autonomías los mensajes los daba el consejero autonómico rodeado de batas blancas en Madrid eran Fernando Simón rodeado de unos militares que no les cabían las condecoraciones en la pechera y que ofrecían un discurso bélico y se ponían medallas con actuaciones ridículas de sus hombres (por ejemplo, la detención de unos ladrones de veinte quilos de naranjas). A parte no tardaron en difundirse imágenes a través de las redes sociales de actuaciones abusivas de los cuerpos de seguridad.

Es verdad que Pedro Sánchez escucha a mucha gente, entre ellos a los presidentes autonómicos, pero a la hora de la verdad no les hace caso según cuentan sus interlocutores, aunque días más tarde adopte las medidas propuestas.

Es de esperar que una vez hayamos superado esta grave crisis el presidente tomará medidas. Por una parte hay que confiar que sea consciente que es necesaria una remodelación de su gabinete por que muchos de sus ministros no han dado la talla y por otra tiene que devolver a las autonomías sus competencias y olvidarse de las tentaciones recentralizadoras que tan mal resultado le han dado en esta ocasión.

Es verdad que la gestión de los cien primeros días está lejos de ser satisfactoria pero también queda constancia que hay una oposición tan vociferante como estéril que piensa más en sus particulares intereses que en solucionar problemas. Pedro Sánchez ha de ser consciente quienes son los socios que apoyaron a su gobierno y, además, lo que le piden sus votantes. Son muchos los que consideran que ha gestionado mal está crisis pero posiblemente sean más los que piensan que con los otros habría sido mucho peor.

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