El PIB chino se ha contraído 6,8% anualizado el primer trimestre, según sus autoridades. Es el peor dato de su economía china desde que hay datos trimestrales de su PIB en 1992.
La buena noticia es que la peor parte del shock del coronavirus probablemente esté atrás y su economía camino de la recuperación. De hecho, la contracción real de su PIB el primer trimestre ha sido menos grave de lo que preveíamos. La producción industrial ha disminuido 1,1% anual en marzo, significativamente mejor que la caída de 26% de enero y febrero y las ventas minoristas han disminuido 15,8% anual en comparación con 23,7% los dos primeros meses.
Aunque mantenemos la previsión de crecimiento del PIB de China para 2020 en 1,2% y lo estimamos en 10,3% para 2021, hemos revisado la trayectoria a la baja menor este segundo y tercer trimestre. También hemos revisado las expectativas para escenarios alternativos en 2020, con crecimiento del 2,8% en el mejor escenario y menos 2,7% en el peor y en 2021, hasta 11,7% en el mejor y también positivo 4,8% en el peor.
La recuperación los próximos trimestres puede ser más lenta de lo esperado
El caso es que la evolución de China puede arrojar luz sobre el camino a seguir para muchas otras economías en diferentes grados de confinamiento. En este sentido la recuperación los próximos trimestres puede ser más lenta de lo esperado.
Así, el uso diario de carbón, que representa más del 70% del consumo de energía del país, tras acelerarse y alcanzar 90% del nivel promedio histórico en marzo, parece haber perdido fuerza. Por su parte la tasa de utilización de capacidad productiva de acero sigue por debajo de la media. En marzo las empresas se apresuraron a volver a producir y cumplir pedidos atrasados, siendo evidente la mejora del sector manufacturero, pero desde finales de marzo se ha notado colapso de demanda externa a medida que muchos países de Europa y EEUU han establecido medidas de confinamiento.
En segundo lugar, a pesar de que la situación del coronavirus parece bajo control, el sector de servicios se sigue enfrentando a dificultades. Las ventas de viviendas, tras alcanzar niveles cercanos a la media histórica a finales de marzo, han caído a finales del mes pasado y muchas actividades de ocio siguen en hibernación, con cines inactivos y la mayoría de personas cautelosas respecto a restaurantes. Por su parte los datos de congestión de tráfico urbano muestran niveles cada vez más cercanos a lo normal, aunque los fines de semana significativamente menores. Además el número de viajeros diarios (ferrocarriles, autobuses y aviones combinados) está al 40% de la media histórica. Ello puede deberse a que las personas siguen precavidas ante la ausencia de una vacuna.
El encierro de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, donde comenzó la pandemia de coronavirus, se ha levantado tras de dos meses y medio desde el 23 de enero. Pero el uso de máscara facial sigue siendo la norma en espacios públicos y se mantienen la vigilancia, como uso ubicuo de termómetros y adopción del «código de salud» QR en aplicación de teléfono móvil certificada por el gobierno, que indica el estado de salud del individuo, necesario para muchas actividades diarias, incluso el autobús. Este alto nivel de vigilancia puede reducir el riesgo de una «segunda ola», aunque favorece que las personas sigan evitando voluntariamente las ocasiones de interacción social.
Dong Chen, economista de Pictet WM
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