Tras una primera fase de la crisis del COVID-19 en los mercados, caracterizada por un desapalancamiento indiferenciado materializado en la venta forzada de flujos masivos, entramos ahora en una segunda fase de la crisis financiera.
Los Gobiernos y Bancos Centrales de todo el mundo han respondido de manera rápida, firme y acertada, especialmente en los mercados desarrollados, donde se ha implementado el quantitative easing (QE). En los mercados emergentes, sin embargo, cuando el banco central local recurre a esta herramienta, resulta en una depreciación masiva de la moneda, lo cual no suele ser una buena solución para el problema, especialmente cuando las empresas operan en dólares estadounidenses.
La segunda fase, en la que estamos entrando actualmente, se caracterizará por la publicación de resultados de las empresas en los que se podrá ver el impacto de la crisis en sus resultados. Las empresas con acciones y bonos cotizados ya han empezado, y continuará por los mercados privados durante los próximos dos meses. Esta etapa debería ser mucho más diferenciada, ya que este fin de ciclo ha traído una asignación inadecuada de capital de manera masiva, debido a unos tipos de interés demasiado bajos.
La intervención de los Gobiernos y los bancos centrales introduce un elemento moral, de tal manera que algunas empresas tienen que recurrir a ayuda externa cuando han gastado dinero en años anteriores en recomprar sus acciones, cuando podrían haberlo ahorrado para tiempos más difíciles.
Por lo tanto, lo que los bancos centrales y los Gobiernos están haciendo es lo acertado. La consecuencia más probable de esto es un descenso de los múltiplos, aunque serán más altos que en la crisis anterior.
Esto es un inconveniente porque impedirá que los inversores entren en el mercado con múltiplos bajos, y por eso pensamos que estos múltiplos más altos que los habituales tienen que ser compensados por algún tipo de crecimiento de los ingresos.
De ahí que asignemos nuestros fondos a empresas de calidad, que no requieren necesariamente ayuda pública o externa, y bien gestionadas. Estas empresas invierten adecuadamente su capital y su flujo de efectivo libre (efectivo generado por la empresa), cuando hay proyectos rentables son capaces de invertir ese capital y cuando no hay proyectos rentables, devuelven el flujo de caja libre a los accionistas mediante el pago de dividendos. En general, estas empresas son las que van a ser capaces de seguir invirtiendo.
En Europa, el Banco Central no puede comprar bonos high yield, lo que significa que veremos una dispersión mucho mayor en high yield, y será un mercado alfa, donde la selección de bonos será la clave.
Otro de los temas relevantes son las estrategias para superar la volatilidad y la incertidumbre. Una forma es optar por fondos no líquidos, lo cual no evita las pérdidas (si has invertido en un momento malo, sufrirás pérdidas), pero al menos evita que ciertos inversores entren en pánico y pidan redenciones en el peor momento. Sin embargo, vemos algunos segmentos con asimetría, en las que no sería apropiado enfocarse desde fondos líquidos, como son las situaciones especiales – empresas que necesitan financiación especial o bonos que se negocian con un gran descuento en los mercados líquidos porque están enfocados en los sectores más afectados por la crisis (o percibidos como tales por el mercado), pero aun así son emisores de calidad.
Otra solución para evitar una excesiva volatilidad es recurrir a fondos con un mecanismo o con una disciplina de gestión de salidas de fondos. En nuestra gama de productos tenemos una estrategia flexible de aproximadamente 1.000 millones de euros que empieza a ser más conocida en España, llamada TIKEHAU Income Cross Assets, que tiene experiencia en la gestión de salidas de fondos – cuando los mercados son caros tendemos a tener una menor exposición con ciertas protecciones – y cuando los mercados son baratos tendemos a estar totalmente invertidos sin ningún tipo de protección.
Esta crisis probablemente destaque la importancia de la gestión de activos y pasivos en un fondo. La creencia de que la liquidez diaria protege a los inversores no es necesariamente cierta. Si hay un desajuste entre la liquidez de los activos y la liquidez de los pasivos, hay un riesgo, particularmente en el tramo de crédito high yield y en el de los préstamos apalancados.
Thomas Friedberger, CEO y Co-CIO de Tikehau Investment Management
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