La batalla del relato

26/04/2020

Josep M. Orta.

Johan Cruyff modernizó el fútbol moderno. Una de sus célebres frases era aquella que si tu tenías el balón no lo tenía el contrario y no te podía atacar. Viene a cuento esta filosofía por la lucha para imponer el relato en la actual crisis del coronavirus.

Las interminables intervenciones de Pedro Sánchez quizás tengan el mismo objetivo que la filosofía del gran futbolista: Si acaparas el protagonismo tus oponentes quedan relegados a un segundo plano y sus mensajes tienen bastantes números de pasar desapercibidos.

Hacer largos discursos pueden interesar la primera vez pero después aburren. Sobretodo cuando lo que tienen que comunicar bastaría con una intervención de cinco minutos. Tampoco ayudan mucho las interminables preguntas de nuestros compañeros que -salvo contadas excepciones- tienen un interés más que relativo.

Da la sensación que no es tan importante lo que pasa como transmitir una imagen concreta de la realidad. En esta crisis se han cometido muchas chapuzas, desde la compra y distribución de material sanitario de una forma como mínimo discutible hasta asumir unas responsabilidades que correspondían a las autonomías y que no dejan de ser una aplicación del artículo 155. No se ha tenido en cuenta la situación de las residencias para no escandalizar a la sociedad con el número de fallecidos. Además no siempre se ha controlado el papel de las fuerzas de seguridad que con el mandato de hacer cumplir las normas del confinamiento se han producido no pocos excesos. Y de postre algunos jueces se han visto capacitados para dictar sentencias de imposible cumplimiento, como la de equipar a determinados sectores con material de protección cuando o nadie disponía de este material o era requerido para usos más urgentes.

Junto a ello está la batalla para combatir los fake news. Esta medida, diga lo que diga Grande Marlaska, plantea no pocas dudas teniendo en cuenta recientes actuaciones de las cloacas del Estado y muchos tienen dudas que no se aprovechen estas actuaciones con objetivos muy distintos a los que afirman. Y el temor es que estas restricciones no se acaben cuando pase la pandemia. 

Aquí un inciso: una cosa es la libertad de información (contar lo que te enteras que sucede de una manera contrastada), la libertad de expresión (poder opinar de lo que sea) pero en ningún lugar está contemplada la libertad de insulto (y tenemos muchos ejemplos de que algunos convierten la libertad de expresión en libertad de insulto).

Uno tiene la sensación que nada parece lo que es pero muchos tienen mucho interés que la gente se crea que lo que parece realmente es lo que es. No es tan importante lo que pasa si no lo que hagan creer a la gente que es lo que está pasando. Suena a Goebbels.

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