Habrá que salir del manglar

29/04/2020

J.M. Miner Liceaga.

Servidor lleva también cerca de un mes, o más, confinado en su casa. Por aquello de la deformación profesional, de vez en vez oigo y escucho algún boletín informativo. Por la noche, ya de madrugada, veo las portadas de algunos digitales, los más económicos y, a continuación, para liberarme de los malos pensamientos,  atiendo a mis oraciones, aunque deba confesar que antes de ocurrir todo lo que está sucediendo, también me despedía con los digitales, pero sin oraciones.

Medio país, por no alarmar en exceso, está convencido del despropósito que ha sacado a la palestra nuestro querido y bien amado equipo de gobierno. Ese despropósito que yo indico, algunos lo denominan contrasentido; otros, dislate, los de más acá inexperiencia, disparate, incoherencia… los de más allá, desatino, equivocación e incluso delirio.

A ninguno de ellos, a los del más acá y a los del más allá, les falta razón. Si complicado es poner de acuerdo al de la derecha con el de la izquierda, más difícil resultará conjuntar a un equipo en el que se juegue con extremos, con medios centros y defensas, pero cada uno a su libre albedrío, que para esto no parece haber ningún tipo de cortapisa o valladar.

Da toda la impresión de que faltan primeros espadas para realizar una buena faena. El toro será un miura o un pablo romero, dicho esto con todos los respetos, pero lo que hay que saber es que este tipo de bóvidos necesita un tratamiento especial, mucho conocimiento y bastante experiencia.

Ese medio país, aunque a estas alturas ya puedan ser las tres cuartas partes, está convencido de que, como me dijo una vez una amiga, Cristina, Vanesa, o Mari Pepa, que da lo mismo, “es mucha mujer para un solo hombre”.

Nadie descarta que llevamos algún tiempo sumidos en la improvisación, derivada del propósito fallido de solucionar o creer que se podía ser diferente al resto del mundo. Y en esta situación, puede que haya otra mitad del país que esté pensando si sería bueno cambiar a los gobernantes por los medios reglamentarios pertinentes. Pero, ¿estaría dispuesta la parte contraria a asumir el trago amargo de una situación económica que, según los expertos, será dura pero corta?

¿A base de bajar impuestos e inclinar la balanza del lado más débil a la hora de poner en marcha el tejido productivo? Mal momento para marginar la res social, con la que habrá sin duda que contar en la medida que lo permitan esos presupuestos que nunca llegan y los créditos o ayudas o rescates que tengan que llegar de la Unión Europea.

La posibilidad de que otros actores intenten sacarnos del lío en que prácticamente ya estamos metidos está ahí. Lo complicado es que a partir de ahora pocos van a perdonar, ni a unos ni a otros, que intenten solo con buenas palabras sacarnos del manglar en que nos estamos metiendo.

La clave está, como siempre, en Bruselas. Puede que al final haya cash para los amables vecinos del sur, si es que convencen a los del norte de que vamos a ajustarnos el cinturón y prometemos gastar únicamente lo necesario, amén de ofrecer una racionalidad adecuada a ese gasto.

Es muy posible que lleguen las ayudas. El más allá estará en función de la fórmula de devolución de los desembolsos requeridos. Y también de la gestión que se haga de esos fondos, que ya se sabe, también por experiencia, que habiendo dinero de por medio toda precaución es poca.

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