La sesión de hoy ha sacado a la palestra las dudas en Wall Street. Frente a un comienzo eufórico que no tenía demasiado apoyo en un dato de empleo privado que en realidad fue peor de lo previsto, los índices fueron perdiendo fuelle poco a poco a pesar de que hubo alicientes para lo contrario.
Me explico. A eso de mediada la tarde europea, Obama prometió desgranar el próximo 7 de septiembre los detalles de un plan que perseguirá dinamizar el empleo. Todo indica que dentro del mismo irá un ya anunciado plan de mejora de las infraestructuras básicas de transporte, fundamentalmente carreteras.
En teoría, eso era algo de lo que Wall Street andaba buscando, pero surgió de inmediato una duda. ¿Y si con eso pretenden no poner en marcha una batería de medidas por parte de la Fed?
La duda está en el aire, aunque la mayor parte de los expertos subraya que se trata de medidas complementarias y que unas irán apoyadas en las otras, ya que la propia Reserva Federal ha hecho especial hincapié en los últimos meses en la necesidad de recuperar el empleo como condición absolutamente necesaria para afianzar la recuperación de la economía.
En estas condiciones, hubo un factor negativo añadido al conocerse el posible veto estadounidense a la compra de la división americana de T-Mobile por parte de AT&T. Las autoridades antimonopolio consideran que este acuerdo puede suponer que el 80% del mercado quede repartido entre solo dos actores y se proponen vetarlo. El anuncio fue un auténtico mazazo para los índices, especialmente para el Nasdaq.
Con este bagaje, la sesión transcurrió con una alarmante falta de fuerza a medida que pasaban los minutos hasta el punto de que las ganancias, que superaron el 1% con amplitud en la apertura, se difuminaron por completo, a una hora del cierre.
Ahí surgió de nuevo la reacción, que fue incluso decidida, y los tres índices volvieron al terreno negativo. Visto desde la botella medio vacía, Wall Street flojea. Visto desde la botella medio llena, el dinero apareció con fuerza justo cuando se necesitaba, lo que puede denotar determinación por parte de los poderosos de seguir hacia arriba.
Tal y como están las cosas, me quedo con la visión pesimista, que el horno no está para bollos a pesar de que este sea el cuarto cierre consecutivo con ganancias. Si luego sale lo contrario, miel sobre hojuelas, pero hay que estar preparado para el peor escenario porque optimismo no sobra.
Lo mejor, los cierres. El Dow Jones avanzó un 0,48%, el S&P 500 un 0,49% y el Nasdaq Composite un 0,13%. En el Nyse subieron 1,9 valores por cada título que terminó con pérdidas, lo que siempre es un factor para el optimismo.
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