No sé si se lleva o es de buen gusto dirigir una carta abierta a una señora, más en estos tiempos, en los que cualquier elogio o cualquier denuesto serán tenidos por machistas o al menos, por paternalistas. Iré con pies de plomo.
Es difícil dar con la tecla adecuada, pero habrá que ir avanzando en este tipo de relaciones de palabra o por escrito, porque el venturoso hecho de que sean mujeres muchas de las personas encargadas de dirigir los países, los negocios, los centros de investigación científica, las cátedras, los tribunales de Justicia…, crea una nueva cultura y nueva normalidad en las relaciones personales, lo que, a mi entender, no desaconseja, sino al contrario, actuar con prudencia, al menos, de principio.
Ahora que, de acuerdo también con los tiempos, hemos prescindido de tantas y tantas fórmulas obsoletas de tratamiento, ahora que los …ísimos , suenan tan extemporáneos como el alcanfor y el rapé, todavía, al menos yo, no hemos dado con el tono adecuado y las maneras correctas y equilibradas de dirigirnos a la mujer, en las relaciones que no son estrictamente sentimentales.
Me pasa lo mismo con el besuqueo y el tuteo imperantes. A alguien a quien no conozco me cuesta tutearle cuando me lo presentan, sobre todo si es persona de cierta dignidad, cargo o de edad superior a la mía (cosa que cada vez es más difícil encontrar). Y lo propio me ocurre con los besos a los que éramos tan proclives hace unos meses, antes del traidor Covid 19.
Se preguntará alguien, si alguien lee esto, a cuento de qué viene este largo y acaso tedioso prólogo. Lo digo ya. Mi propósito era escribir una carta abierta a la presidenta de la Comisión Europea, doña Úrsula von der Leyen. Y también digo enseguida a propósito de qué, tanto atrevimiento.
La señora Von der Leyen se dirigió hace unos días a los españoles en un mensaje que me caló muy hondo. Quien me conoce sabe que soy un europeísta impenitente y en las últimas semanas he tenido que discursear un poco en favor de la causa, cuando algún ministro holandés, torpe hasta dejarlo de sobra y algún compatriota de la Presidenta profirieron frases hirientes y vetos insostenibles para los españoles.
El tacto y el cariño que demostró la señora Von der Leyen con la causa española fue conmovedora. Como correspondía, habló de dinero, de recursos destinados a España, pero habló de cariño, de comprensión, de ánimo… De todo lo que nos hace falta en en estos días amargos.
Sé que esto, al final, no ha sido una carta abierta. No he dado en cómo hacerlo. Pero quiero que sepa de mi agradecimiento públicamente, señora Presidenta, por su sentido y por su sensibilidad con nosotros.
Y parafraseando al clásico, España (Europa) y yo somos así, Señora.
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